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23 Jun 2022 - 5:00 a. m.

Nos queda la esperanza

Lo primero que hay que celebrar es la calma con la que transcurrió la jornada electoral, pues los ganadores no tenían motivo alguno para desenfrenarse en acción vandálica. Pequeña, pero buena señal para que surja la esperanza por un cuatrienio que tendrá que caracterizarse por la siembra de más esperanza alrededor del último lema que pronunció el hoy presidente electo: hacer trizas la guerra, lo cual significa retomar la implementación integral de los Acuerdos de Paz y comenzar un nuevo proceso de reconciliación para el país retomando también los diálogos con el Eln. Eso sí que generaría confianza y tranquilidad para que los colombianos vivamos sabroso.

Aspiramos a que al nuevo gobernante y sus seguidores del Pacto Histórico no se les suban los humos de la victoria, es chocante. En sus proyecciones de campaña, iniciada hace cuatro años, nunca imaginó llegar a pelear y raspar hasta el último voto con un personaje de escasa trayectoria política ―más empresarial indudable― como el ingeniero Rodolfo Hernández. Petro tuvo que luchar voto a voto para sacar al contrincante la ventaja que en efecto se presentó en el resultado final. Y eso debe llenarlos de humildad a todos. Ganó, indiscutiblemente ganó, y por fortuna no hubo necesidad del reconteo. Ni siquiera habrían dejado espacio para hacerlo, porque estaban listos para una jornada previsiblemente negra y que iba a llenar de más amargura al país, con más sangre de la que ya se ha derramado en estos fatídicos años de Duque, quien como nadie cumplió el lema de ese personaje siniestro llamado Fernando Londoño ―otro innombrable―, que fue el que dijo que hay que hacer trizas los Acuerdos de Paz. Vaya si le cumplió con creces. Qué dirá ese hombre sobre las actuales circunstancias, por favor que no le paren bolas.

Ahora debemos estar atentos a los lineamientos del presidente electo y sus asesores con un criterio crítico y apoyar sin miramientos partidistas sus propuestas de paz, que en mi concepto es el factor más importante, y de paso la economía ―con un buen ministro― mejorará notablemente cuando la sociedad colombiana observe que el primer mandatario empieza a actuar a conciencia en favor de todo el pueblo colombiano. Este ambiente inicial nos llena de esperanza.

Ana María Córdoba Barahona

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