Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Ay, pelaito, me tienen aquí con el alma en vilo, como gallina en corral ajeno, viendo cómo el presidente Petro, con esa terquedad que se manda, se apresta a hacer una visita a China que, a mi humilde parecer, es como irse a meter en la boca del lobo, o peor aún, en la del dragón, que dicen que escupe fuego y no precisamente de amor patrio.
Verán ustedes que, en este mundo revuelto, donde los gringos y los chinos se miran de reojo como perros de distintas razas en un parque, Petro, con esa idea fija de la Franja y la Ruta, y no sé qué de la Ruta de la Seda, se va a meter en un embrollo de padre y señor mío. Y no es que uno sea pesimista, ¡Dios me libre!, pero es que la cosa pinta fea, caballero.
Imagínense ustedes que Colombia, tierra de flores y café, depende, como el agua del río Magdalena, del mercado gringo. Allá mandamos nuestras rosas, que perfuman los floreros de las abuelas en Iowa y los corazones de los San Valentines; y, por supuesto, nuestro café, que les quita el sueño a los banqueros de Wall Street. Y ahora, con esta vaina, Petro se va a jugar todo eso a una sola carta, como si fuera un tahúr de mala muerte.
Los gringos, que no son mancos, ya le han advertido a Petro que no se meta en camisa de once varas. Y no es para menos, muchacho, que si se ponen bravos, nos cierran el grifo y nos quedamos sin rosas ni café, como un pueblo sin fiesta. Y ahí sí, ¡a llorar pa’l monte! Ya se nos olvidó el susto global que nos metió Trump con sus aranceles.
Y no me vengan con que los chinos nos van a salvar, que eso es como creer en los cuentos de la abuela. Los chinos, que son muy listos, nos van a endulzar el oído con promesas, pero, al final, nos van a dejar endeudados y amarrados a su voluntad, como un burro a la noria.
Y los exportadores, que son los que saben del tema, están que se jalan los pelos. Van a llevar del bulto. Que si los gringos nos ponen aranceles, nos quedamos sin mercado y sin futuro. Y que los chinos no nos van a comprar ni la mitad de lo que les vendemos a los gringos. Tenaz.
Así que, yo no sé ustedes, pero yo veo esta visita de Petro a China como un suicidio económico, como un salto al vacío sin paracaídas. Y espero, con el alma en un hilo, que el presidente recapacite y no nos lleve a todos al despeñadero. Porque si no, nos vamos a acordar de él como nos acordamos de los malos amores: con dolor y amargura.
Gerardo José Salcedo Herrera
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com
