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La última columna de Felipe Zuleta, en El Espectador, demuestra un absoluto desconocimiento de la historia, o al menos una conveniente interpretación de la misma.
Bolívar no podía ser de derecha o izquierda: fue un hombre de su tiempo. Nacido en el siglo de las luces, conocedor de los postulados de los enciclopedistas —Condorcet, Diderot, D’Alembert—, seguramente leyó a Voltaire y Rousseau y se empapó de sus ideas. Siendo un adinerado aristócrata criollo, se convirtió en un revolucionario antimonárquico, libertario y republicano, que gastó toda su fortuna persiguiendo el sueño de un gran país, destruido luego por las pequeñas ambiciones de tres sujetos que pretendían ser sus amigos y prefirieron ser “cabeza de ratón y no cola de león”. Me refiero a Flores en el sur, Santander en el centro y Páez en el nororiente, que se empeñaron en adueñarse cada cual de un segmento de la naciente república, acabando con la que posteriormente sería llamada Gran Colombia.
En todo caso, no fue de derecha o conservador, como pretenden el columnista en mención y el doctor Gómez Méndez. Equivocados están. Bolívar fue, indudablemente, un libertario enemigo de las monarquías, que rechazó de plano los cantos de sirena que deseaban entronizarlo como rey de Colombia. Además, en su época aún no se habían acuñado las acepciones “derecha” o “izquierda” en política.
Otra cosa es que los godos colombianos, de motu proprio, se consideren herederos de las ideas bolivarianas, sin tener en cuenta que el fundador del Partido Conservador, Ospina Rodríguez, fue un declarado enemigo del Libertador, como ya lo comentó el señor Jairo Libreros en la Columna de los lectores (13 de mayo de 2025).
Bueno es recordar que Santander, llamado “el Hombre de las Leyes”, era muy poco progresista o liberal: se dejó manipular sutilmente por las jerarquías eclesiásticas del momento, porque esto le facilitaba gobernar; descuidó la educación laica ordenada por Bolívar, permitiendo que la Iglesia se adueñara de ella; ordenó fusilar a los oficiales españoles que pidieron amnistía, argumentando su fraternidad masónica (Santander era masón), crimen absurdo que disgustó profundamente a Bolívar; y tuvo otras manifestaciones evidentes de conservadurismo.
Ante las evidencias de la historia, cabe preguntarse: ¿Bolívar podría ser considerado conservador o ideólogo del partido fundado con las ideas retrógradas de Ospina y sus seguidores, que se entregaron en cuerpo y alma a los postulados monárquicos de la Iglesia católica de la época?
Definitivamente, pienso que los señores Zuleta y Gómez están equivocados. Les recomendaría revisar a los biógrafos de Bolívar: Emil Ludwig, Gerhard Mansur y otros tantos que interpretan con claridad el pensamiento del Libertador.
Cornelio Salcedo
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