En sus últimos años, Fernando Botero era un hombre canoso con la frente libre de pelo. Su bigote y barba, que formaban un círculo blanco alrededor de la boca, le daban un aspecto de abuelo. Sus gafas circulares negras, que encerraban sus ojos y sus cejas blancas, le daban aspecto de intelectual. Tenía un pequeño lunar, de 5 mm, en la mitad de la mejilla izquierda y una sonrisa de niño. Le gustaba usar camisas azules y sacos de cuadros cafés o gabardinas café claro. Siempre se veía pensativo, tal vez por los problemas de Colombia.
Terminó bachillerato en el Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia, en 1950. En el bachillerato fue compañero de mi padre, Fabio, con quien tenía un parecido impresionante. Él me contó que el maestro pintaba a los compañeros y a los profesores.
Su obra escultórica, sin duda monumental, se parece mucho a la escultura de Miguel Ángel, pues muestra la desnudez humana en todos sus detalles.
Fernando Botero insufló la belleza en la escultura, como Miguel Ángel, y le dio un toque mágico.
Miguel Ángel compuso en función del cuerpo humano y de sus proporciones perfectas, y realizó hombres desnudos, con movimientos atléticos, como manifestación de la belleza.
El maestro Botero realizó en sus esculturas hombres y mujeres desnudos también como manifestación de la belleza.
Miguel Ángel tuvo la habilidad para dar a los movimientos y a los personajes un intenso valor expresivo.
El maestro Botero siempre exaltó los senos y los glúteos en sus esculturas, donde plasmó la belleza de la desnudez humana.
Al ver la Mujer con espejo: a pesar de estar boca abajo, deja ver su desnudez, sus glúteos redondos y gigantes, su seno reposando sobre la losa, su mirada enternecedora y su hermosa cabellera.
Miguel Ángel y Fernando Botero hicieron sus esculturas en Pietrasanta (Italia).
Esculturas de Fernando Botero: Mujer con espejo, Caballo, Gato, Perro, Soldado romano, Hombre a caballo, Esfinge, Cabeza, Mano, Una pareja, Mujer reclinada, Mujer sentada... Pienso que hay mucha semejanza entre estos dos genios de la escultura.
Pedro A. Sierra.
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