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Hace unas semanas todos los colombianos estuvimos expuestos a los macabros detalles del feminicidio de Valentina Trespalacios, presuntamente a manos de su pareja sentimental, John Poulos.
Desde que el cuerpo de la joven DJ, de apenas 23 años, apareció al interior de una caneca en Bogotá, en los medios de comunicación se le ha dado principal importancia al cubrimiento del hecho en la llamada agenda noticiosa.
Con una eficacia sorprendente en materia judicial para los feminicidios, días después del asesinato de Trespalacios se capturó al presunto responsable en Panamá, para posteriormente ser juzgado por la justicia colombiana. Una noticia ampliamente celebrada.
Pero, en medio de todo, los detalles sobre la relación que tenían Valentina y el hombre estadounidense han surgido y ocupado cientos de titulares. Por relatos de la misma madre de Valentina, Laura Hidalgo, se conoció que el hombre tenía comportamientos de celos enfermizos, llegando incluso a contratar a un investigador para que la siguiera por las sospechas de que ella le era infiel (como si el hecho de ser infiel justificara un asesinato).
Y con este tipo de revelaciones llegaron más y más detalles de la vida privada de Valentina Trespalacios que sucumbieron ante los estereotipos machistas y perdieron totalmente el norte de lo que era realmente importante en este caso. Por desgracia, es bastante usual que se escarbe en la vida privada de las víctimas de feminicidio hasta que se convierten en “temas de carácter público”.
En una de las audiencias realizadas contra Poulos, el fiscal delegado, Daniel Gómez Acuña, expresó que el principal sospechoso del feminicidio había tenido relaciones sexuales con la víctima y luego la habría golpeado en varias ocasiones para luego asfixiarla.
Este detalle no se podía perder de vista en algunos medios que cubrieron de manera amarillista el feminicidio de Valentina Trespalacios. Por obvias razones, no perdieron la oportunidad de crear titulares “llamativos” con juegos de palabras genéricos que no decían nada, con el propósito de alimentar el morbo de algunos lectores y lograr más alcance.
Ahora bien, como lectora me pregunto: fuera de la investigación judicial, ¿era importante saber que Valentina Trespalacios y su presunto feminicida habían tenido sexo antes de que se cometiera el crimen? ¿Cuál era la relevancia de publicar este tipo de datos en un medio de comunicación? ¿Era necesario ventilar esto?
No se puede desconocer que el periodismo muchas veces genera presión a la hora de juzgar a los responsables de crímenes tan atroces como estos, como tampoco se puede negar lo mucho que urge una mínima formación en género cuando se cubren temas tan delicados, para preservar los derechos de las víctimas y no caer en la revictimización.
En ocasiones, parece que muchos medios de comunicación se interesan por los casos de feminicidios cuando los asesinatos de las mujeres son tan horribles que se prestan para contarse una y otra vez sin dejar de impresionar al público, y me atrevo a decir que es tal vez por esto que otros feminicidios no captan tanta atención de la prensa y pasan de agache.
Sara Alejandra Marín Valencia.
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