Mi deseo es enviar un punto de vista sobre la afirmación del representante del Gobierno con respecto a las denuncias de la Iglesia católica. Soy lectora y, en reconocimiento de lo que pasa en el mundo, lo primero es comenzar por casa: mi Colombia. Por eso escribo lo siguiente.
La afirmación del Gobierno de que las denuncias de la Iglesia católica [sobre la situación de violencia en la jurisdicción eclesiástica de Istmina-Tadó, Quibdó y Apartadó, Chocó] son “falsas y extravagantes” es una muestra de soberbia y falta de respeto a Dios. Es una muestra de la ausencia de los principios cristianos.
También es una muestra de la falta de educación (conocimiento académico y social). Y, políticamente, es una falta de mesura, prudencia, finura y diplomacia.
¿Este es el ejemplo que recibimos del Gobierno como el deber ser de la política y el bien común?
¿Cuál es el propósito de los calificativos empleados en la vocería del poder a la Iglesia católica? ¿Esto es diálogo, paz, transparencia... o más bien un señalamiento?
Colombia es mi casa y soy su hija. Entonces, podría pensarse, ¿es esta la forma de actuar con los hijos? Claro, los hijos, sí. Cuando un hijo tiene problemas o sabe de situaciones no convenientes acude a los padres para dialogar, conversar, etc., pues son las cabezas, sus guías.
Pero si ni siquiera se atiende al hijo, al ciudadano, y por el contrario se le reta y se le hace bullying, matoneo… ¿Es que en esa casa no caben todos? Entonces no hay diálogo, o sea hay desgobierno, no hay paz, y solo se atiende al que alabe o hable lo que se quiere escuchar.
Falta educación, falta desarrollo cultural. Hay ausencia de amor al prójimo, hay desigualdad. Hay que repasar varios libros. ¿Qué dicen de la sabiduría, el discernimiento, la educación y la política?
¿O es que se está estigmatizando a los católicos? Porque con afirmaciones como esas, en esta época, parece que volvemos a leer sobre la persecución a los cristianos. Y, así como se dijo, sin el menor respeto y misericordia, es un señalamiento a los cristianos católicos.
Yo soy Iglesia católica.
Patricia Medina Agredo
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