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7 Dec 2022 - 5:00 a. m.

Sobre un Maquiavelo inexistente

Me irrité al leer la columna-ensayo “Maquiavelo, la franqueza brutal”, de Julio César Londoño, el sábado 3 de diciembre. La primera impresión que tuve fue la de un texto carente de profundidad, apurado y repleto de lugares comunes. Luego, porque soy profesor, lo releí tratando de encontrar los vacíos y llamar la atención del autor. Tres son mis reparos.

Primero, se repite un tópico: Maquiavelo era un cínico, una especie de Trump renacentista, fundador de una corriente política asociada con el “todo vale” antiético, que privilegia los intereses egóticos del poder sobre los del consenso o los del bien público. No existe ese Maquiavelo. Ni Lenin o Mussolini o cualquiera de los tiranillos latinoamericanos encontrará en los 26 capítulos de El príncipe (1532) consejos para espiar al enemigo, torturarlo, matarlo o menos para aplastar alzamientos populares. El príncipe es esencialmente un libro de ciencia política y por eso se le reconoce su carácter fundacional. Literalmente, Maquiavelo renovó los estudios de teoría política que habían quedado estancados en La ciudad de Dios (426) y les dio un giro centrado menos en lo teológico y más en la perspectiva moderna que luego Carl Schmitt llamaría “amigo-enemigo”. Londoño debería leer la magnífica antología de Miguel Ángel Granada para encontrar un Maquiavelo burgués, deseoso de cambios frente a la mentalidad medieval, europeísta y confrontador del aristocratismo católico.

Segundo, insisto en que en los textos de divulgación, que son los que habitualmente escribe Londoño, las fuentes deben ser cuidadas y seleccionadas con cierto rigor, pues esa es la función de la intertextualidad: darles peso a los propios argumentos. La novelista Françoise Sagan no es una referencia de valor desde una perspectiva académica.

Tercero, flaco favor se le hace a un autor canónico repitiendo clichés orteguianos. Estamos celebrando 500 años de la publicación de Historia de Florencia, en la que, según el historiador José Luis Romero, Maquiavelo “dijo lo que nadie en su tiempo quería oír”. Un motivo de este nivel exigiría una reflexión más seria.

Carlos Sánchez Lozano.

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