Sobre una caricatura de Osuna
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
La caricatura de Osuna de este domingo titulada “La vice estuvo pilas” es una grosería. Muestra a una sonriente vicepresidenta Francia Márquez aclarándole a un muy serio canciller Álvaro Leyva la obviedad de que la placa que dice “Francia” en la ONU no se refiere a ella, sino al país. El Espectador debería ponerles límites a sus caricaturistas. La caricatura no tiene ningún objetivo ni refleja ninguna crítica al Gobierno, sino que reproduce un discurso racista y violento. Desde cuando Francia Márquez estaba en campaña, hemos visto el uso de estereotipos raciales en contra de personas negras. En este caso, el caricaturista Osuna deja ver su racismo rampante al dibujar a la vicepresidenta como una mujer ingenua y poco preparada. Es impresentable que tengamos que repetir que estas afirmaciones son racistas.
Gabriela Forero, Bogotá
Sobre el turismo en Barichara
En el reciente artículo de su columnista Jorge Iván Cuervo, titulado “Turismo sin política pública”, se hace referencia como destinos turísticos, entre otros, a Barichara, Santander, como ejemplo de la mala planeación turística. Habiendo disfrutado de ese pueblito de Colombia durante la temporada que acaba de finalizar, me refiero a ella para manifestarle que, si bien estoy de acuerdo que el turismo allá ha venido creciendo, de manera silvestre y sin ninguna planeación, nunca desde 2013 había visto tantos turistas internacionales y nacionales caminando por sus calles empedradas como en esta ocasión. También he visto crecer constantemente a la construcción de vivienda y la de gastronomía. Ese importante desarrollo no solo ha sido del turismo, sino también de la nueva vivienda de colombianos y extranjeros, parejas jóvenes y de la tercera edad, con el consiguiente crecimiento vigoroso de la economía regional. Pero todo esto está en peligro de desaparecer por cuanto la administración municipal, cuestionada por su comportamiento cercano a lo ilegal, no ha querido planear su crecimiento. Tampoco ha acatado disposiciones del Ministerio de Cultura y no ha prohibido, como sí lo han hecho pueblos históricos en otros países, el ingreso y parqueo de los vehículos de los numerosos visitantes que ocupan todas las calles y carreras, impidiendo el gozo que significa caminar y pasear sin molestar a los residentes.
David Guillermo Puyana, Bogotá
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com
