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Son muchos los logros y credenciales que hacen de Patricia Ariza un símbolo: es sobreviviente del genocido de la UP, cofundadora del Teatro La Candelaria, directora de la Corporación Colombiana de Teatro, de Mujeres en Escena por la Paz, del Festival de Teatro Alternativo, décadas de trabajo con víctimas y cientos de performances para denunciar la violencia en Colombia, pero hay una anécdota que creo que recoge por qué Ariza no solo es una elección excelente, sino también revolucionaria:

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