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23 Jun 2022 - 5:30 a. m.

El cambio

El logro más importante de estas elecciones fue el cambio tan grande en el comportamiento del electorado: la gente se le volteó a las maquinarias, bajó el abstencionismo, votaron masivamente los jóvenes y las periferias. Esto habla de un pueblo que, quizás por primera vez, está contando con la democracia. Estas personas supieron el domingo que su voto cuenta para elegir presidente y eso cambia el mapa de juego para futuras elecciones. Si Petro no defrauda es probable que estas personas continúen votando comprometidas durante el resto de sus vidas y que animen a las personas a su alrededor a hacerlo.

Otro logro fue que Francia Márquez rompiera el techo de cristal para las mujeres y las personas racializadas en Colombia. Esto es algo extraordinario pues en feminismo se habla de una contraparte a los techos de cristal que son los “suelos pegajosos”, es decir, todas esas barreras estructurales, como la doble y triple jornada, el racismo, el poco acceso a la educación, que hacen que las personas más oprimidas, atrapadas por los suelos pegajosos, nunca alcancen a llegar al techo para romperlo. Los techos de cristal los suelen romper mujeres blancas heterocis de clase alta, muchas veces aliadas con el patriarcado, como fue el caso de la actual vicepresidenta Marta Lucía Ramírez. El salto que dio Francia Márquez es algo totalmente inédito y abre un mundo de posibilidades reales y simbólicas para las mujeres racializadas, rurales y de clases populares en Colombia. Tendremos una vicepresidenta y futura ministra de la Igualdad que conoce en carne propia lo que es ser una mujer de a pie en Colombia, que ha vivido la discriminación y la violencia, y esto es revolucionario pues, si Márquez se enfoca en el bienestar y la garantía de derechos de las más vulnerables, eso se traducirá en bienestar y garantía de derechos para todas.

Que Francia Márquez y Petro llegaran al poder es un testimonio del nuevo país que comenzó cuando se firmaron los Acuerdos de Paz. Mientras en Colombia que Petro sea “exguerrillero” es visto como algo “malo”, en el exterior se maravillan de que alguien exitosamente dejara las armas para trabajar por décadas en democracia y que finalmente llegue a ser presidente. Eso dice mucho de Petro, pero más de Colombia, un país en donde el perdón y la reconciliación ahora son materialmente posibles, incluso a pesar del precavido cinismo que tenemos por costumbre.

El cambio no se construye fácil. Para la derecha es sencillo ser eficiente, porque son la hegemonía, sus estructuras de poder son verticales y dogmáticas, los consensos se imponen y el poder y la plata los respaldan. Lo más fácil del mundo es mantener el sistema explotador y elitista en el que hemos vivido por siglos, se necesitó un talento para el fracaso tan grande como el de Iván Duque para fallar. En cambio, las propuestas con las que llegan Gustavo Petro y Francia Márquez a la presidencia y vicepresidencia no son fáciles de ejecutar, pues implican cambios estructurales y, sobre todo, porque desafían a los poderes históricamente establecidos en Colombia. Para enfrentar esos obstáculos el nuevo gobierno tendrá que hacer negociaciones y concesiones con los partidos que representan a esa media Colombia que es o bien de ultraderecha o izquierdofóbica, así que de entrada se sabe que no será fácil, y que tendrá que acotar el alcance de muchas propuestas. Pero no exime al nuevo gobierno de cumplir con sus promesas, como mínimo tendrán que sentar las bases para que la llegada de la izquierda al poder no sea flor de un día, para que si llega luego otro presidente de derecha no pueda deshacer lo andado, y que si llegamos a tener otra presidenta de izquierda (¡Francia 2026!) pueda trabajar sobre lo construído. El cambio llegó, ahora tenemos que trabajar para que sea duradero.

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