La música de Ed Sheeran parece ser de lo más inofensivo que existe, el sonido es blanco e inocuo, las letras son poco confrontativas, y por eso su música suena en bodas, quinceañeros y videos genéricos sobre ocasiones especiales. En pocas palabras, es el equivalente sonoro a una comida de avión. Hasta ahora, eso le ha servido para hacer muchísimo dinero, pero en una semana, los boletos de su última gira pasaron de valer cientos de dólares a poco menos de lo que cuesta pagar el parqueadero. ¿Por qué? Porque en un momento de la historia que se siente como el fin del mundo, pretenderse apolítico es insostenible.
Sheeran eligió al rapero estadounidense Macklemore como su telonero en sus funciones en Estados Unidos, y al tipo se le ocurrió decir, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, “¡Palestina libre!”. “Las víctimas son el pueblo palestino: los hombres, mujeres y niños que han sido asesinados, sometidos a hambruna, desplazados y obligados a vivir una violencia inimaginable. Hoy se está matando a gente, y mañana se seguirá matando a gente. Quiero asegurarme de que, al contar esta historia, no perdamos eso de vista”, dijo Macklemore, con mucha razón. La declaración, por demás necesaria, molestó a varios millonarios, entre ellos al dueño del estadio, quien pidió que lo sacaran de la gira, porque tachar su declaración en contra del genocidio en Palestina como “antisemita”. Esto a pesar de que ha habido artistas que han hecho declaraciones verdaderamente antisemitas, como Kanye West, evidenciando que el problema no es el supuesto antisemitismo sino la denuncia de un genocidio que está sucediendo frente a nuestros ojos. “Tomar partido puede costarte dinero, contratos con marcas, patrocinios, festivales, actuaciones privadas, relaciones y acceso. Yo he perdido todo eso. Pero no existe una postura neutral entre el opresor y el oprimido. Cuando una de las partes tiene las bombas y un apoyo financiero y militar ilimitado de Estados Unidos, negarse a tomar partido no te sitúa en el medio”, añadió luego el rapero en un comunicado de Instagram.
A pesar de conocer a Macklemore desde hace muchos años, Sheeran dejó que lo sacaran del tour, y a partir de ahí le renunció todo el mundo. Sheeran tuvo que continuar su gira solo, frente a estadios semi vacíos. Sheeran tuvo que leer del teleprónter una declaración al respecto redactada por un equipo de publicistas, mostrando que tiene la consistencia moral de una pechuga hervida. “He tenido que tomar decisiones difíciles y estoy cometiendo errores, y lo siento muchísimo”, dijo el cantautor pelirrojo sin dejar en claro cuál era la decisión difícil. “Nunca he querido ser un músico activista, pero esto me ha puesto en el medio de un debate importante y apasionado sobre libertad de expresión y la cuestión política más compleja del planeta”, añadió, aunque no debería ser complejo condenar un genocidio. Dijo que lo que “ocurre en Gaza es catastrófico, desproporcionado e injustificado”, como si fuera un desastre natural y no un proyecto político colonial, y luego lloró lágrimas blancas explicando que todo era muy difícil para él. Pero ¿qué es lo difícil? ¿Que lo critiquen por decirse apolítico para seguir ganando dinero a partir de supuestamente no tomar una postura? Debe ser dificilísimo ser un millonario y perder un poquito de dinero para no quedar mal con otros amigos millonarios. Lo bueno es que esa fórmula ya no funciona: pretender neutralidad frente a la injusticia es estar de parte del opresor. Las audiencias pueden verlo con toda claridad, y ya no están dispuestas a aguantar tanto cinismo. Aplica para Palestina, pero también para todas las formas contemporáneas de fascismo.