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6 Oct 2022 - 5:30 a. m.

Feminicidio de María Belén Bernal moviliza a Ecuador

Un feminicidio presuntamente a manos de un teniente de policía sacude a Ecuador y ha terminado por involucrar a todo el Estado, del presidente para abajo. El 11 de septiembre la abogada y defensora María Belén Bernal fue a una fiesta en la Escuela Superior de Policía de Quito en donde estaba su pareja, el teniente Germán Cáceres. Hay testigos que dicen que entre los dos hubo un altercado, pero Bernal nunca salió de la Escuela de Policía. Cáceres dijo que Bernal se había ido sola a tomar un taxi en la calle a altas horas de la noche, pero no hay evidencia que corrobore esta versión. Cáceres fue interrogado por sus colegas policías, quienes lo dejaron en libertad, y hoy se encuentra prófugo de la justicia, probablemente cruzando la frontera hacia Perú o Colombia. El cuerpo de María Belén Bernal fue hallado días más tarde y el presidente Guillermo Lasso lo anunció vía Twitter, corroborando su feminicidio.

El caso ha generado movilizaciones y protestas en varias ciudades de Ecuador. La respuesta del Gobierno ha sido desacertada y revictimizante. Por un lado, el ahora exministro del Interior Patricio Carrillo, quien ya había sido cuestionado por la represión policial durante el paro nacional, ha dicho que este fue un “delito pasional”, motivado por “las emociones”, y que no debe criticarse a la Policía por las acciones de uno solo, porque cuestionar la institución pone en riesgo la seguridad de la nación. A las feministas que protestaban les dijo: “Aquellas que defienden la violencia, las activistas que defienden la violencia, que quieren desestabilizar la institucionalidad de seguridad en el país, encontraron un motivo para crear un relato que pretende hacer concluir que aquí se trata de un acto institucional”. Ante las críticas, Carrillo abandonó su cargo con grandes honores por parte del presidente y en su lugar fue nombrado Juan Zapata, un político y expolicía muy popular gracias a la campaña de 2004 Corazones Azules, que lanzó para prevenir accidentes cuando era director del departamento de señalización en la Agencia Nacional de Tránsito y que estaba basada en la experiencia personal de que una niña muriera en sus brazos. Esta vocería catapultó su carrera y hoy llega para lavarle la cara al Gobierno con su manejo comunicacional. Arrancó en el cargo deslindando a Cáceres de la institución al afirmar que “no se merece” ser llamado policía.

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