Por primera vez en la historia de los Grammy, el álbum del año se lo gana un trabajo completamente en español. Hasta ahora, la música en español tenía su rancho aparte, los Grammy Latinos, porque llegar a competir con los artistas anglosajones parecía imposible. DeBÍ TiRAR MáS FOToS, de Bad Bunny, es sin dudas el álbum del año y es el mejor trabajo del puertorriqueño, que se conectó con sus raíces musicales para hacer un álbum político, poético y, además, ¡bailable!, y eso traspasó fronteras.
El premio llega una semana antes del debut de Benito en el medio tiempo del Super Bowl y en medio de protestas por los abusos de ICE, la fuerza paramilitar de Trump, en Minneapolis. En lo que va del año, ICE ha matado a varios ciudadanos estadounidenses, entre ellos Renee Good y Alex Pretti, cuyos asesinatos están en video y desde múltiples ángulos, lo que hace más evidentes las mentiras del gobierno. Las redadas de ICE son xenófobas y racistas y se han dedicado a perseguir a personas de origen latino, incluidos niños, como Liam Conejo, de apenas cinco años. El racismo, la xenofobia y la aporofobia son los motores del sentimiento antimigratorio que llevó a Trump al poder y que crece en todo el mundo. Lo que está pasando en EE. UU. ya debería llamarse una crisis humanitaria, y este premio a un artista latino que, con sus declaraciones y letras, ha antagonizado a la ideología MAGA, es un testimonio de que el buen arte siempre es político.
Bad Bunny no fue el único que se opuso a ICE. Billie Eilish señaló al decir que “nadie es ilegal en tierra robada”, y, por si no quedaba claro, también dijo “Fuck ICE”. Otras celebridades hicieron menciones más tibias: Olivia Dean reiteró que es la nieta de un inmigrante; SZA le pidió a la audiencia “no caer en la desesperanza durante estos tiempos aterradores”, y añadió que “no estamos gobernados por el gobierno sino por Dios” (una afirmación problemática en sí misma). Otros, como el matrimonio Bieber, se pusieron un pin que no tenía nada de disruptivo. Benito, por su parte, al aceptar el premio al mejor álbum de música urbana, abrió diciendo “ICE out” y luego se manifestó en contra de la deshumanización de las personas latinas (“no somos salvajes”) y cerró con un cliché que resultó suficientemente eficaz para comunicar lo que quería decir: hay una epidemia de odio y, para combatirla, necesitamos amor. Claro que es más complejo que eso, pero también es cierto que el mejor antídoto contra el fascismo es la construcción de comunidad. Por supuesto, uno de los elementos clave que permiten la construcción de esa comunidad es la música, en este caso, por personas que escuchan esa música sentadas en sillas Rimax, como las de la portada del álbum. Ya con eso Bad Bunny ha hecho bastante.
Pero como van las cosas, quizás necesitaremos más. Cuando los artistas hoy apoyan públicamente una causa política, siempre queda en el aire la pregunta de si la causa los beneficia a ellos o si ellos la benefician. A medida que se vayan acumulando las injusticias de los gobiernos autoritarios y antiderechos en el mundo, se hará más difícil apoyar algo solo de dientes para afuera; la simulación se quiebra cuando los costos suben, y, por ejemplo, Trump ya dijo que piensa demandar a Trevor Noah, el presentador de este año, por una broma leve y hasta boba que hizo en su monólogo. Tener convicción y comunicarlo a través del arte es una de las acciones humanas más poderosas. ¡Por más arte que, en vez de disociarnos, nos conecte con la realidad!