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El fin de semana, EE. UU. e Israel, sorpresivamente, lanzaron ataques contra Irán, matando a varios de los más altos líderes del régimen, incluido el ayatola. Los ataques ya empiezan a generar caos en el mundo y erosionan aún más el multilateralismo, pues son ilegales: supuestamente eran “ataques preventivos”, algo que no existe en el derecho internacional. Ni el Congreso de los Estados Unidos ni el Consejo de Seguridad de la ONU autorizaron estas acciones militares. Este enfrentamiento tenía una salida diplomática a la que Irán le estaba dedicando tiempo y esfuerzos, pero EE. UU. e Israel eligieron la guerra cuando la paz era perfectamente posible.
Irán ha respondido atacando a varios países vecinos y cerrando el estrecho de Ormuz. Como explicó El País: “El general de la Guardia Revolucionaria Ebrahim Yabari ha advertido en una entrevista en la televisión estatal iraní de que no dejarán pasar ‘ni una gota de petróleo’ por el estrecho de Ormuz y de que prenderán fuego a cualquier barco que intente cruzar por esa vía. El 20 % del crudo mundial transita por ese punto estratégico”. Las consecuencias económicas han sido considerables, según CNN: “Los precios del petróleo subieron, las acciones estadounidenses se recuperaron de pérdidas anteriores y el oro subió el lunes”, mientras que los precios del petróleo aumentaron un 13 % el domingo por la noche y el gas natural aumentó su costo en un 38 % en toda Europa.
Las intenciones de EE. UU. no son claras. No se sabe si son una declaración de fuerza, una cortina de humo, o ambos, o ninguno. El sábado, Trump dijo a la prensa que quería “liberar al pueblo iraní”, pero el lunes Pete Hegseth dijo que no era la intención de los ataques, y la verdad es que el imperio ya ni se molesta por alinear sus mentiras. Como se mostró en Venezuela, quitar al líder de un régimen no necesariamente genera un cambio, y antes de morir el ayatola dejó una línea de sucesión y una burocracia más resistente a los bombardeos que cualquier infraestructura física. Todo esto hace pensar que esta nueva guerra regional pudo arrancar fácilmente, pero, sin duda, será difícil terminarla.
La excusa más descarada de EE. UU. es que esta es una guerra para defender los derechos de las mujeres. Sí, el régimen iraní es de los más violentos y restrictivos para las mujeres: el uso del velo es obligatorio, y existe una “policía de la moral”, que, como explica Amnistía Internacional, “vigila a toda la población femenina. [...] Los agentes conducen por toda la ciudad, y tienen facultades para dar el alto a cualquier mujer y examinar su vestimenta, estudiando detenidamente cuántos mechones de cabello tiene a la vista, la longitud de sus pantalones y su abrigo y la cantidad de maquillaje que lleva”. En enero de este año surgieron nuevas protestas por los derechos de las mujeres y pidiendo el fin del régimen, lideradas por grupos como “Mujeres, Vida, y Libertad”, un movimiento que creció luego de que la joven kurda Mahsa/Jina Amini muriera en custodia luego de ser retenida por la “policía de la moral”. Pero el machismo del régimen no justifica la invasión. Una de las primeras bombas cayó, ni más ni menos, que en una escuela de niñas, matando a más de un centenar. Ninguna guerra ha avanzado jamás los derechos de las mujeres y esta no será la excepción. ¡Que nuestras luchas no se usen para justificar el imperialismo!
