En enero de este año ElDiario.Es publicó un largo reportaje con detalladas denuncias por trata y violencia sexual contra el cantante octogenario, Julio Iglesias. Según el reportaje, Iglesias captaba mujeres en sus mansiones del Caribe y las obligaba a realizarle servicios sexuales, las insultaba y, según palabras de las denunciantes, las trataba como esclavas. El reportaje presenta dos denuncias: una empleada doméstica que cuenta que la obligaba a participar en actos sexuales todas las noches, a realizarse exámenes médicos y ginecológicos, y a controlar su celular y sus salidas; y una fisioterapeuta venezolana que cuenta que varias veces la besó y la tocó sin su consentimiento. Ambas cuentan que les gritaba e insultaba durante sus ataques de ira. Todo esto con el conocimiento de otras dos mujeres empleadas como amas de llaves que, según el reportaje, ayudaban a captar mujeres para presuntamente ponerlas en situación de trata, además de participar en tríos con el cantante. Una de las denunciantes llama a la mansión de Iglesias “La casita del terror”. La investigación de ElDiario.Es duró tres años y consultó más de 15 fuentes, además de contar con abundantes pruebas documentales.
El cantante alega que los tribunales españoles no tienen jurisdicción para atender estas denuncias y que han debido ser radicadas ante la fiscalía de República Dominicana; sin embargo, como explica ElDiario.Es, la jurisdicción española se extiende hasta “delitos cometidos en el extranjero por españoles, siempre que se cumplan tres condiciones: que el hecho sea delito en el lugar en el que se cometió, que la víctima o la Fiscalía interpongan querella ante los tribunales españoles y que el autor no haya sido absuelto, indultado o penado en el extranjero por estos hechos”. Su defensa también ha pedido estar presente en “la toma de declaración de las denunciantes”, un pedido que parece un intento de intimidación.
Una de las denunciantes, Rebeca (pseudónimo de la empleada doméstica), cuenta en su testimonio que Iglesias se presentó como “la persona más importante de la República Dominicana, más que el presidente”. Efectivamente, Iglesias tiene mucho poder en el país y fue clave para el desarrollo de Punta Cana, que en un momento promocionó como un “nuevo Mediterráneo en el Caribe”. Como cuenta ElDiario.Es, “en 2007, el Senado dominicano le otorgó un reconocimiento oficial por su aportación al turismo, por ‘preferir’ al país y ‘construir su vivienda en Punta Cana’, así como por haber participado artísticamente ‘en actividades sociales benéficas a favor de los más necesitados’ del país”.
Las denuncias contra Iglesias recuerdan a las que salieron el año pasado sobre el escritor Neil Gaiman, quien presuntamente también obligaba a empleadas del hogar (en este caso, a la niñera) a prestarle servicios sexuales, aprovechando su fama y su dinero para coaccionarlas. Si queremos irnos más lejos en el tiempo, la historia también se asemeja a la del pintor Paul Gauguin, quien se fue a Tahití a escapar de sus responsabilidades como padre de cinco hijos para tener relaciones abusivas con niñas de 13 años. Gauguin hablaba de las mujeres de la isla como si fueran salvajes, de la misma manera en que Iglesias, según la investigación de ElDiario.Es, se refería a las personas dominicanas de forma despectiva, y decía que eran “sucias”. Gauguin llegó a escribir, sobre las tahitianas, que: “vivían casi como los animales… como gatas, ella muerde cuando está en celo y araña como si el coito fuera doloroso. Ella pide que la violen”. Definitivamente, Julio Iglesias no es el primer macho colonial que ha usado su poder para abusar de mujeres racializadas. Ojalá que sí sea uno de los primeros en enfrentar la justicia.