“La nuestra ha sido muchas patrias”, así comienza la voz en off del video con el que la campaña de De la Espriella recibió su victoria en el preconteo el domingo. “La patria de los ancestros que viven eternamente en la memoria”, continúa el narrador, mientras vemos imágenes de un grupo de personas racializadas (algunas, con rasgos afro) descalzas, con penachos de plumas, taparrabos de piel y lanzas que parecen hechas con papel maché. Para este nuevo mito nacional, las comunidades indígenas son una caricatura que pertenece al pasado. Luego habla de “La patria salvaje, dócil y llena de belleza”, evocando a los de los colonizadores que vieron (durante la conquista y hasta el día de hoy) a estas tierras como un gran paisaje de recursos naturales explotables.
Luego da un paseo por las luchas de independencia, “la patria prístina”, “la patria insurrecta”, que llevan a “la patria de leyes y lucidez” representada en un retrato de Bolívar y de Policarpa Salavarrieta. De 1819 damos un salto a 1948 y vemos cómo, cínicamente, se apropian de la imagen de Gaitán. Con una alusión al Bogotazo comienza “la patria del miedo, del terror y del dolor”, que va hasta la muerte de Pablo Escobar. Aquí la historia da un giro hacia un “renacer” que se ilustra con el gol de Colombia a Alemania en Italia 90, y habla de “resistir a la barbarie” con imágenes de artistas como Shakira, Sofía Vergara, Karol G, Carlos Vives y Juanes, pero también Totó la Momposina, quien, de estar viva, jamás habría votado por Abelardo, y Gabriel García Márquez, quien tuvo que exiliarse en México precisamente por sus ideas de izquierda.
Llegamos al presente, donde “la patria encuentra su destino”, con imágenes de deportistas y soldados. Nos dedican una frase a las mujeres, ¿cómo no? Si Colombia “tiene nombre de mujer” y “está hecha y guiada por las tigresas que son su alma y corazón” (la ambición y el poder, por supuesto, se los dejamos a “los tigres”). Esta es una patria diversa, insiste la voz, y por primera vez, seguramente gracias a la inteligencia generativa que escribió el guion, la campaña de ADLE reconoce a las poblaciones raizales y palenqueras. Por supuesto, no hay personas LGBTI en la patria milagro. Así llega la “patria milagro, la patria de la extrema coherencia” y paradójicamente entra la porra argentina de la campaña, que afirma con cursilería mesiánica: “Tigre de mi vida, vos sos la alegría de mi corazón”. Como el cinismo de los “defensores de la patria” no tiene fin, el video termina enrostrándonos “las selvas, los páramos, los mares, los ríos” que piensan destruir con fracking, y cierran, apropiando también el lenguaje de la oposición “la patria de la vida entera”, y prometiendo “respetar la diferencia”.
El video tiene varios propósitos evidentes. El primero es responder a todos los cuestionamientos a su campaña: las denuncias por su discurso fascista, el peligro que representa para la diversidad y el medio ambiente, y hasta incluye varias imágenes de él abrazando a su esposa para reforzar el mensaje de la familia heterosexual. El segundo es la moderación de su discurso, que ofrece a sus seguidores una cómoda disonancia cognitiva y les da una ventana para seguir apoyándolo sin verse como cómplices del neofascismo. “Hemos creado nuestro mito. El mito es la fe; es la pasión; no tiene que ser una realidad. Nuestro mito es la patria, nuestro mito es la grandeza de la patria”, dijo Mussolini en un discurso en 1922. Para el académico Jason Stanley, los movimientos fascistas necesitan mitos que refunden la nación, alimenten fantasías de unidad, y justifiquen las jerarquías como una forma de orden y gloria. Este es el tercer y más importante objetivo del video, que, lejos de ser conciliador, es una señal de alerta, pues constituye el primer peldaño de la estrategia de comunicaciones de los autoritarios de siempre.