25 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Ordnungspolizei

La semana pasada la Policía de Colombia publicó en su Facebook la foto de una “actividad pedagógica” en Tuluá en la que se disfrazaron de la policía nazi, incluidas esvásticas, un avión de papel maché con esvásticas, un hombre disfrazado de Hitler y un letrero que decía, en alemán, “Historia de la policía”. El escándalo fue evidente y vinieron regaños de los altos mandos de la organización, también destituyeron del cargo al director de esta escuela de policía.

El asunto se ha enmarcado como un descache provocado por la ignorancia, aunque toca haber vivido toda la vida debajo de una piedra para no saber que disfrazarse de Hitler es malo y más cuando quien se disfraza es un miembro de las fuerzas armadas del Estado. El evento en realidad muestra que hay una aspiración, al menos en la academia de Tuluá, por la Gestapo (también mencionada en letreros en el evento) y por la Ordnungspolizei, la policía del orden la Alemania nazi. Y esa admiración no se limita a “unas cuantas manzanas podridas”, como dicen siempre que la policía comete actos de violencia literal o simbólica, como en este caso.

La situación impacta pero no sorprende. El 3 de mayo de este año el expresidente Álvaro Uribe tuiteó: “Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa”. El críptico mensaje de Uribe se refiere a un término acuñado por el neonazi chileno Alexis López Tapia y consiste en una teoría de conspiración que trata de explicar las protestas que se dieron en la región entre el 2019 y el 2021. Aunque López Tapia, quien organizó en 1997 un congreso nazi, el “Primer Encuentro Ideológico Internacional de Nacional Socialismo”, entre 1999 y 2010 lideró el grupo neonazi “Patria Nueva Sociedad”, ha sido invitado al menos en dos ocasiones para dar cátedra a militares colombianos. En uno de ellos explicó que la “revolución molecular disipada” consiste en interpretar las protestas como si fueran “movimientos de guerras urbanas desarticuladas”. En la Universidad Militar de Nueva Granada dijo que consiste en “llevar a cabo un nuevo modelo de acción revolucionaria horizontal, que normaliza de manera gradual y cotidiana disposiciones y conductas en orden de alterar el estado de normalidad social del sistema dominante, con el objetivo de ser derogado y sustituido”.

Las fuerzas armadas colombianas y Uribe no son las únicas que simpatizan con estas ideas. Nuestro representante en la OEA, Alejandro Ordóñez, es un reconocido lefebrista, una secta nacida de la Iglesia católica, ultraconservadora y negacionista del Holocausto que, según una crónica de Cerosetenta, oficia misas en Colombia. En el 2013, Héctor Abad Faciolince le preguntó a Ordóñez si era negacionista del Holocausto y este le colgó el teléfono. Y no son los únicos: según Daniel Coronell, en uno de los clubes más exclusivos de la clase alta bogotana, el Gun Club, hay una vitrina con soldaditos de juguete representando el ejército nazi con esvásticas y una pequeña réplica de Hitler. Lo que todo esto muestra es que entre algunos miembros de la clase dirigente y las fuerzas armadas hay una clara admiración al nazismo.

Si esto es lo que piensan las fuerzas armadas de Colombia, no debería extrañarnos que hubiera tantos asesinatos de Estado en medio de las protestas del Paro Nacional. Además, a diferencia de la mayoría de los países, la policía en Colombia no depende del Ministerio de Gobierno o Justicia sino del Ministerio de Defensa. Esto significa que los crímenes de nuestra policía militarista se van a la justicia militar y no ordinaria. Con este contexto no es extraño que las fuerzas armadas vean a la protesta social como “una fuerza subversiva” y que casi todos los crímenes ocurridos en las protestas por parte del Estado sigan prácticamente impunes. Definitivamente, die ganze Polizei ist eine Gonorrhoe.

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