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22 Sep 2022 - 5:30 a. m.

Perreodismo

Este fin de semana el artista puertorriqueño Bad Bunny dio a conocer el video de su canción El apagón, que hace parte de su último trabajo discográfico, “Un verano sin ti”, que parece sonar ubicuamente en todas las fiestas del mundo. Son apenas unos segundos de música y escenas de personas bailando en un barrio popular de Puerto Rico, y se hace un corte al documental de la periodista Bianca Graulau, quien denuncia la gentrificación y la privatización ilegal de las playas de la isla. El documental, llamado Aquí vive gente, comienza con imágenes de la explosión de la central eléctrica Costa Sur de Guayanilla, que generó un apagón este año en toda la isla. Los apagones en Puerto Rico son el pan de cada día, en parte por la privatización del servicio de energía que ahora está a manos de LUMA Energy, una corporación norteamericana. ¿Suena conocido? ¡Demasiado! Es la misma consecuencia que vivió y vive la costa Caribe colombiana tras la privatización del servicio, en este caso a manos de españoles. El documental explica cómo estos apagones atentan contra la calidad de vida de las personas en la isla, que no solo se mueren de calor, también pierden sus electrodomésticos y se quedan sin poder conectar equipos médicos que algunas personas necesitan.

Además de apropiarse de la empresa de energía, los extranjeros, y más puntualmente los gringos, gracias a la infame Ley 22, tienen incentivos fiscales como no pagar impuestos por las ganancias de sus inversiones en “acciones, criptomonedas y bienes raíces”. Comprar finca raíz en Puerto Rico se anuncia en el norte como una gran inversión inmobiliaria, y los precios bajaron aún más después de la destrucción ocasionada por el huracán María. Así que los extranjeros pueden comprar a muy bajo precio y luego remodelar y rentar al precio que les dé la gana. Una de las mujeres afectadas explica en el documental que su renta mensual es de US$300 y que, una vez despojada, su departamento será rentado a US$150 la noche. Como resultado de este proceso de gentrificación, las personas que han vivido en estos barrios por décadas quedan despojadas de su hogar, pues no importa si han pagado tres veces su valor inmobiliario en la renta acumulada de año tras año, no es vivienda propia, así que son expulsados de sus casas, efectivo en 30 días.

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