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Simbología de Barranquilla

Catalina Ruiz-Navarro

23 de julio de 2026 - 12:05 a. m.
““¿Acaso la gente va semanalmente a la biblioteca?”, preguntaron los abelardistas, sin saber que la respuesta es sí”: Catalina Ruiz-Navarro
Foto: Miguel A. Cruz
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Luego de que Abelardo anunciara que despacharía desde Barranquilla, el alcalde Alejandro Char anunció con bombos y platillos que la nueva sede presidencial estaría ubicada en el edificio de la antigua Aduana, patrimonio arquitectónico y complejo cultural en un punto neurálgico de la ciudad. ADLE no ha sentido la necesidad de justificar el traslado a Barranquilla, pero uno puede inferir que responde a una promesa de privilegiar a los caciques locales y complacer a las élites barranquilleras, que son su principal fanaticada. En Barranquilla, desde hace décadas, corre la idea de que esa debió ser la capital, por estar estratégicamente entre el mar Caribe y el río más grande del país, y la oficina del presidente en la ciudad les cumple un sueño simbólico a los chauvinistas locales.

Supongo que les dio por decir que la oficina del presidente sería en el edificio de La Aduana porque les pareció lo más presidenciable. “¡Tiene columnas!”, dijo con entusiasmo algún sicofante, sin importarle la función que ya tiene el complejo cultural. En la Aduana hay una galería de arte que funciona desde los 90, con exposiciones casi que semanales, en donde han participado artistas de todo el mundo y, por supuesto, se ha dado a conocer el talento local. El auditorio ha sido el escenario de recitales, paneles, lanzamientos de libros y, en una época, hasta se hacía mensualmente una “revista oral”, que era un encuentro con editores y escritores y se invitaba a un artista plástico para que pintara la portada en vivo, mientras los autores leían sus textos. La Aduana también alberga la Biblioteca Piloto, el archivo histórico más importante de la ciudad, indispensable para comprender el pensamiento y la literatura del Caribe colombiano. En el parqueadero de la Aduana se han hecho conciertos, ruedas de cumbia, y ahora la parte de atrás es donde se monta La Noche del Río, un concierto público y de fácil acceso que se hace un jueves de Carnavales y en donde se presentan agrupaciones de toda la orilla del río Magdalena. Se hace ahí porque la aduana empata con el Par Vial de la 50, que cierra en Carnavales para montar “Baila la Calle”.

Bueno, todo eso se iba a ir al carajo si De la Espriella instalaba ahí sus oficinas. A los abelardistas locales no les pudo importar menos, porque ellos son más de ir al centro comercial, y cuando van al sur es para tomarse una foto pintoresca, que es hasta donde llega su interés por las actividades culturales. “¿Acaso la gente va semanalmente a la biblioteca?”, preguntaron, sin saber que la respuesta es sí, pero además creyendo que el valor de una biblioteca depende de qué tan concurrida sea, porque no tienen imaginación para considerar que hay más que la popularidad y el lucro.

Pero todo se quedó en aspavientos, porque como no se bajan de sus camionetas, no sabían que en el edificio si acaso hay espacio para dos o tres oficinitas, demasiado pequeñas y discretas para el ego del nuevo presidente; que la seguridad sería difícil porque está muy cerca de barrios “calientes”, porque la parte de atrás es abierta, porque acordonar el perímetro implicaría taponar dos arterias como la vía Cuarenta y la Avenida Olaya Herrera, y un sinfín más de consideraciones evidentes para cualquier barranquillero con dos dedos de frente. Así que cambiaron de planes y ya comenzaron las adecuaciones al Batallón Paraíso (¡que también tiene columnas!); mucho más acorde con la estética militar que tanto le gusta al neofascismo.

Este despropósito es como esas anécdotas que se cuentan a carcajadas en las terrazas de Barranquilla (enrejadas, por la inseguridad que no han resuelto en 20 años los Char), aunque no sea chistoso, porque es ejemplo perfecto de las maneras, y prioridades del nuevo gobierno. El complejo de la aduana resguarda un mural de seis metros, realizado en 1963 por Alejandro Obregón, titulado “Simbología de Barranquilla”. Es metáfora, pero también es ironía.

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