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Aprendizaje sobre evidencias y no ideologías

19 de septiembre de 2026 - 12:07 a. m.

En el 2013, la revista científica Fertility and Sterility publicó un artículo con los resultados de un estudio en el que se evaluó si existía una correlación entre el atractivo físico de las mujeres y la presencia de tipos severos de endometriosis. El estudio incluyó a 300 mujeres nulíparas, divididas en tres grupos: pacientes con endometriosis rectovaginal, pacientes con endometriosis peritoneal u ovárica y mujeres sin endometriosis. Los investigadores registraron características corporales como el índice de masa corporal, la relación entre cintura y cadera y la relación entre busto y bajo busto.

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Una de las conclusiones del estudio fue que las pacientes con endometriosis rectovaginal (una forma grave de la enfermedad, frecuentemente asociada con dolor) habían sido juzgadas más atractivas que las mujeres de los otros dos grupos y presentaban una silueta más delgada y senos más grandes. Cuatro médicos (dos mujeres y dos hombres) calificaron directamente el atractivo de cada participante: 5 (muy atractiva); 4 (bastante atractiva); 3 (de atractivo promedio); 2 (poco atractiva); y 1(nada atractiva). Vale la pena aclarar que uno de sus autores, Paolo Vercellini, era entonces presidente de la Sociedad Mundial de Endometriosis.

Pensé en este estudio hace dos semanas, mientras leía la entrevista que Semana le hizo a Viviane Morales después de su salida del Ministerio de Educación. Cuando le preguntaron por la continuidad de su política educativa, no se resistió a insistir en su mantra de blindar la educación de las ideologías. Para Morales, “los niños tienen que dedicarse a los aprendizajes fundamentales” y “hay que hacer un aprendizaje sobre evidencias, hechos científicos comprobables y no imponiendo ideologías”. Lo afirmó en la misma entrevista en la que atribuyó a un milagro que, después de una cadena de oración, una nueva resonancia ya no mostrara la lesión que inicialmente había sido identificada como un meningioma en el seno cavernoso derecho de su hija.

¿Qué quiere decir exactamente sacar las ideologías de la educación? ¿Refugiarse en esos supuestos hechos y evidencias científicas comprobables? Pensemos de nuevo en el estudio sobre la endometriosis, financiado además por un fondo interno de investigación de la Universidad Pública de Milán. ¿Estaba libre de ideología? Tenía casi todos los sellos externos de la ciencia: pregunta, hipótesis, muestra, grupos de control, mediciones, análisis estadístico, aprobación ética, financiación y evaluación de pares. Y, sin embargo, bastaba mirar qué decidió estudiar para encontrar algo más.

El problema es que ninguna de estas medidas neutraliza la pregunta que se decide formular ni las categorías con las que se observa. La ideología no apareció después de los resultados: estaba ya en la decisión de estudiar si unas mujeres enfermas eran más guapas que otras y en convertir la delgadez y el tamaño de los senos en indicadores de atractivo. Los datos pueden ser reales, las mediciones precisas y los cálculos impecables. Nada de eso vuelve neutra la mirada que decidió qué medir y para qué.

Por eso, cuando Morales y su sucesora, Ilva Myriam Hoyos, prometen una educación libre de ideologías, prometen un imposible. Todo currículo elige qué conocimientos considera fundamentales, qué versión de la historia enseña, qué voces incluye, cómo entiende la familia, la sexualidad o la ciudadanía y hasta qué reconoce como evidencia. Eliminar la ideología no deja un espacio vacío y neutral. Permite que la que domina permanezca, sin nombre, disfrazada de método científico.

Una educación realmente desprovista de toda perspectiva sería la no educación: una transmisión mecánica de datos sin contexto, preguntas ni herramientas para comprender cómo se produjo el conocimiento. La supuesta neutralidad también enseña algo, hace parecer naturales las categorías heredadas y convierte en evidentes los hechos que alguien decidió antes buscar, medir y nombrar.

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