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No hay final feliz

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Catalina Uribe Rincón
20 de junio de 2026 - 05:08 a. m.
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Leyendo y examinando las posturas recientes de figuras públicas sobre las razones para votar por alguno de los dos candidatos, no son pocos los que caen en el cuento de que la elección será definitiva y un punto de inflexión que nos va de alguna manera a resolver o acabar la historia. Estos argumentos le apuntan más a la elección de un desenlace que a la de un presidente y se convierten en relatos que venden una solución final, si gana el que prefieren, o si no una catástrofe.

La narrativa de los candidatos no ayuda. Abelardo de la Espriella, con su “Patria Milagro”, ofrece una restauración moral, épica, inmediata, como si el país fuera a levantarse de la cama a los 90 días, libre de crimen, corrupción y decadencia. Iván Cepeda, con una promesa más sobria en el tono, pero también redentora en la estructura: la transformación ética, socioeconómica y política, el poder constituyente, la calle y el total acuerdo nacional para corregir de raíz las injusticias históricas.

Yuval Noah Harari, el conocido historiador, dijo recientemente en una entrevista con Ezra Klein algo para pensar este momento: hay una gran potencia emocional en los relatos que anuncian los fines del conflicto. En el caso de los movimientos totalitarios de derecha, ese fin tiende a llegar cuando se elimina a ese otro: al extranjero, al judío, al libertino, al periodista, al estudiante. En el caso de los movimientos comunistas, el final llega cuando se resuelve la lucha de clases, que implica de todas formas “resolver” a ese otro: al capitalista, al burgués, al empresario.

La ausencia de esa promesa resolutiva es precisamente el talón de Aquiles del liberalismo: ser una promesa no de un final, sino de instituciones que tramitan conflictos. El liberalismo siempre será la bolsa de boxeo porque insistirá que no existen soluciones finales. Su debilidad narrativa es justamente ser una narrativa del mantenimiento. No dice: “cuando ganemos, se acaba el mal”. Dice algo mucho menos emocionante: como los individuos somos falibles, caprichosos y necios, necesitamos elecciones, prensa, Congreso, reglas, límites, división de poderes y mecanismos para corregirnos.

Por eso pierde tantas veces contra los relatos de salvación. Porque nadie quiere oír, en medio del miedo, que no habrá final feliz. Que los matrimonios empiezan muy bien y después hay que pagar servicios, discutir por la plata, cuidar enfermos, negociar vacaciones y no matar al otro por la forma en que exprime la crema dental. La democracia es más parecida a eso que a una boda. Lo difícil no es enamorarse de un candidato; lo difícil es fiscalizarlo cuando ya ganó.

La historia reciente de Colombia está llena de expresidentes que creyeron estar por encima de la ley, o de ser ellos la ley, o de ser la voz del pueblo que es la ley. Y ahí está la lección: las fuerzas de corrupción, abuso y vanidad no desaparecen porque gane el candidato que uno prefiere. Los políticos pasan años escuchando que son los únicos capaces de salvar al país, los únicos con el carácter, la visión o la autoridad para hacerlo. Y terminan creyéndolo. De verdad lo creen. Es la embriaguez de sentirse elegidos, la convicción de que el destino nacional les pertenece.

Por eso, aunque los candidatos liberales hayan desaparecido de esta contienda, no deberíamos abandonar la defensa de los principios liberales. De hecho, es justo ahora cuando más falta hacen. No como una ideología ni como una identidad partidista, sino como una disposición a desconfiar del poder, venga de donde venga. La verdadera prueba democrática no ocurre el día de las elecciones. Ocurre después. Ocurre cuando el candidato que ganó empieza a gobernar y sus seguidores descubren si estaban comprometidos con unos principios o simplemente con una persona.

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David Valencia Cuellar(0vhxw)Hace 6 minutos
Definitivamente Catalina. Los principios liberales so los que deben regir a Colombia por eso hay que votar por Cepeda un hombre probó y pensante.
David Valencia Cuellar(0vhxw)Hace 6 minutos
Definitivamente Catalina. Los principios liberales so los que deben regir a Colombia por eso hay que votar por Cepeda un hombre probó y pensante.
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