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Los titulares están diseñados para eso. Hay que reenviarlos sin abrirlos (mejor si se hace en captura de pantalla), especialmente los más alarmistas: los que sugieren invasiones inminentes, guerras regionales, intervención electoral o el colapso definitivo del orden mundial. “Maduro esposado”. “Maduro capturado”. “Bombardeo en Caracas”. “Colombia es la siguiente”. Los matices pueden esperar. La pausa, en estos casos, suele confundirse con tibieza.
Dejar que el miedo haga el trabajo.
Entre más catastrófico el escenario, mejor circula. Trump invadiendo Colombia. Petro obligado a tomar partido. La región al borde del abismo. Los escenarios moderados, como la reciente llamada diplomática o algún comunicado ambiguo, son menos eficaces. Esos requieren tiempo. Y el tiempo no genera clics.
Identificar las palabras clave.
Toda opinión eficaz necesita sus palabras de pequeño abstract de artículo académico. Soberanía. Imperialismo. Estado de derecho. Autoritarismo. Institucionalidad. Orden constitucional. No es necesario definirlas: basta con repetirlas. Entre más solemnes, mejor. Funcionan como amuletos semánticos que producen la sensación de pensamiento sin exigir el esfuerzo de pensar.
Alinear las palabras con la identidad política.
Esta es inmediata. La postura suele estar lista antes del acontecimiento. El hecho solo sirve para activarla. Si el encaje es imperfecto, no hay que preocuparse: la realidad siempre puede ajustarse al marco. Conocidos de derecha se ensañaron con los cuartos de tortura del régimen de Maduro y los de izquierda con la inexistencia del Cartel de los Soles
Exagerar la claridad.
No hay que mostrar las dudas. La ambigüedad se interpreta como debilidad. Hay que usar frases rotundas. Si algo no está claro, hay que afirmarlo igual. La seguridad en el tono suele compensar la falta de precisión en la postura y los hechos.
Adoptar el tono ponderado, si busca prestigio.
Se debe reconocer brevemente que Maduro fue un dictador cruel y que Trump representa una amenaza autoritaria, y acto seguido invocar una palabra elevada: soberanía, legalidad, orden jurídico para marcar distancia de los “radicales” e indignados. Es decir, apuntarle a la “virtud del centro” como un estilo retórico.
Citar el precedente que más le convenga.
No importa si el contexto es comparable o no. Alguna referencia histórica siempre ayuda a darle gravedad a la opinión. Vietnam e Irak para la izquierda y Corea del Sur para la derecha. Si no encaja del todo, confíe en que nadie pedirá la nota al pie.
Controlar quién puede opinar.
Si no se es venezolano, no se puede hablar. Si no se está directamente afectado, mejor guardar silencio. Como si el pensamiento solo surgiera de la experiencia inmediata y no de la reflexión, la comparación o la duda. Este paso es útil para cerrar la conversación antes de que se complique.
Confundir la velocidad con la comprensión.
Entre más rápido se opine, más parecerá que entiende. La acumulación de comentarios crea una ilusión de claridad. Para cuando aparezcan datos nuevos, ya habrá pasado a otro tema. Igual que pasó con el salario mínimo.
Archivar el asunto.
Una vez expresada la postura, el acontecimiento cumple su función. No es necesario volver sobre él. La siguiente crisis ya está en camino y requiere la misma rapidez, las mismas palabras y la misma seguridad.
