SE ENTIENDE QUE 2009 VAYA A SER agitado por tratarse del año que antecede a la elección presidencial; pero no esperábamos que los aspirantes empezaran a echar fuegos en temporada de descanso. Por lo menos tres entrevistas, una, al finalizar 2008 y dos, en estos días de enero, indican que los precandidatos dejaron el escenario de las medias tintas. ¡Aleluya! Por mi parte, lo celebro. Nada peor para la democracia que el silencio cobarde y el pragmatismo calculador de los protagonistas políticos.
Abrió la temporada Rafael Pardo Rueda. Tradicionalmente neutro en sus intervenciones, y aunque todavía conserva parte de ese talante (verbigracia, en sus lacónicas respuestas sobre Rivera y Vargas Lleras: “desconozco totalmente los temas del uribismo”; “ése es un problema entre ellos”), Pardo inaugura una etapa de comunicación que puede beneficiarlo. Su tono fue alto contra la aprobación en la Cámara del referendo para la segunda reelección: “el Gobierno se quitó la máscara y se mostró dispuesto a pasar por encima de la ley…”; contra el ministro de Protección: “vi al ministro Diego Palacio —el día de la aprobación—, quien está investigado por sus actuaciones en la primera reelección…, repetir lo que ya había hecho”; y contra los promotores del referendo: “redactaron mal la pregunta, recogieron mal la plata, presentaron el referendo como no era, lo aprobaron de manera sospechosa…”.
Siguió en las declaraciones el Ministro de Agricultura, quien sin renunciar a su cargo habló, con absoluto desdén por la prohibición constitucional, del tema político-electoral. Se le abona que contribuya a la división uribista y que confirme los rumores: su ministerio no era para apoyar a los campesinos sino una plataforma para sus planes personales… (Si existiera un Procurador, ¿qué sanción le pondría?). Asegura Arias que “el uribismo no puede quedar en manos de los camaleones de la política o de la aristocracia”. “En el primer caso”, según el Ministro, “ellos buscan el poder por ego o vanidad y saltan de gobierno a gobierno, de partido en partido (interprétese Noemí Sanín y Vargas Lleras)”. Y añade: “En el segundo caso —la aristocracia— porque se perdería el contacto con el pueblo (léase Carlos Holguín Sardi y Juan Manuel Santos)”.
Ayer, Alfonso Gómez Méndez le respondió a María Isabel Rueda con el picante que suele usar en círculos doctos. Les dispara a los rivales de su orilla: Pardo, Vargas, Garzón; también al uribismo, a cuyos aspirantes los conmina a que “…no sigan cobijados bajo la protección de ministerios y embajadas…”. Y es duro con Uribe: “… sufre del complejo de Adán: pensar que el mundo nace y muere con uno”; “…a ninguno (de los Presidentes) se le ocurrió cambiar la Constitución con la tesis de que sin ellos el país se venía a pique…”. Sin embargo, pareció moderar su antagonismo: “P/ ¿Va a decir que no es antiuribista?”. “R/ No lo soy. Respeto lo que (el jefe de Estado) ha hecho”.
Los electores comienzan a recibir la información que necesitan de los precandidatos. Pero ojo: todavía hay motivos de desconcierto. No obstante, apenas se inicia el año y tienen tiempo de afinar sus mensajes. Por ahora es positivo que salgan a la palestra sin contar con que el Presidente diga, cual dictador vitalicio, si desea continuar en su silla, o si no lo hará.