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De la Espriella, el candidato de la censura

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Cecilia Orozco Tascón
21 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
“La semana pasada, intimidó a la comentarista de Los Danieles y revista Cambio, Ana Bejarano”: Cecilia Orozco Tascón
“La semana pasada, intimidó a la comentarista de Los Danieles y revista Cambio, Ana Bejarano”: Cecilia Orozco Tascón
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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En estos tiempos, en que la fuerza bruta le gana terreno a la inteligencia; y en que el poder de la especie dominante del mundo aplasta a quienes se atraviesen en su ruta depredadora, un autonominado candidato presidencial, vocero del extremismo más procaz de Colombia, reparte amenazas, como volantes de campaña, contra sus oponentes potenciales o reales y contra los formadores de opinión pública que osen examinar su pasado. Su estrategia preferida para conquistar votos parece consistir en repartir altas dosis de odio y venganza. Zombis hambrientos que anhelan deshollejar a sus presas abundan aquí. Por tanto, el postulado por millones de firmas suscritas vaya-dios-a-saber-cómo, y con el aval de un partido inexistente, aparte del papel que lo acredita como tal, no tiene que hacer mucho esfuerzo en este país, terreno abonado para recibir, con aplausos, el elogio a la sangre y, con abucheos, los llamados a la razón y el entendimiento.

La promesa de campaña de Abelardo de la Espriella, según su dicho ya famoso es el exterminio del 30 % de sus connacionales que se identifican con la izquierda: “(voy a) destriparlos”, a “acabar con esa plaga”. Aniquilará, entonces, a los “mamertos”, el término más amoroso con que se refiere a 11 millones de votantes del actual presidente, o a un número superior si se considera a muchos otros ciudadanos que, sin ser partidarios del Gobierno, tienen una mente más elaborada que aquella que solo concibe la política de la muerte. Abelardo de la Espriella no solo promete: ha cultivado el odio y se ha esforzado, reiteradas veces, en vengarse de los medios y periodistas que ejercen su libertad de expresión. Sus intenciones constan en decenas de acciones judiciales en contra de sus críticos (ver). La semana pasada, intimidó a la comentarista de Los Danieles y revista Cambio, Ana Bejarano, con la exigencia pública de una rectificación de su columna “Alex y Abelardo” en que la abogada devela la “angustia” del aspirante a elección presidencial por “coronarse [ante Trump] como adversario del régimen” de Maduro, después de haber sido el ardoroso defensor de Alex Saab, el colombiano corrupto –investigado por Estados Unidos– que logró entrar en el círculo de los negocios del ex dictador venezolano. Ana recordó el manejo opaco que le dieron miembros del bufete de De la Espriella al caso del amigo íntimo de Maduro, cuando se libró orden de captura en su contra (ver). Enseguida, la columnista fue víctima de represalias misóginas: matoneo en las redes, ataques peligrosos y burlas desde cuentas afines al postulante. Este y su abogadito de campaña anunciaron demandas y denuncias. Las hemos padecido en carne propia.

Ana no es el único blanco del ídolo del extremismo ramplón (la ultraderecha de salón se avergüenza del personaje, en público, pero lo aplaude, en privado). Un artículo de La Silla Vacía sobre el también auto denominado “universo empresarial” de De la Espriella, de quien se conoce, de sobra, su gusto por la exhibición de su riqueza, despertó su ira, reclamos y amenaza de demandas judiciales. El informe cuenta, con soporte investigativo, que “mucha de la narrativa alrededor del éxito” del “escritor, cantante, diseñador de moda, dueño de una marca de licores y ahora debutante político”, “no está sustentada en sus estados financieros y varios de sus socios tienen o han tenido problemas con la justicia…” (ver). La directora de La Silla Vacía, Juanita León, padeció un “castigo” similar al que le aplicaron a la abogada Bejarano. El portal que promueve la aspiración política del vengador publicó, a modo de respuesta-matona, la nota ‘¿Por qué La Silla Vacía ataca sin descanso a Abelardo De La Espriella?’ “con afirmaciones falsas que coinciden con las que usaron cuentas que participaron en la campaña de desprestigio”, según contestó la directora de La Silla cuando, devolviéndole con su moneda, le exigió al autor que rectificara sus infundios (ver).

La memoria de los periodistas que no han sido contaminados con sus recursos inquieta profundamente al candidato porque pone en presente las tachas que existen sobre su dudosa conducta de la década pasada, reveladas, en su momento, por quienes conocieron los entornos en que se movía. En su segunda columna sobre el tema, Ana Bejarano recuerda, por ejemplo, una grabación entre personas vinculadas a DMG, firma representada por De la Espriella, que armó una pirámide gigantesca para defraudar a los colombianos hace una década. Una de ellas dice: “Me llamó Daniel Ángel (socio de DMG) y me dijo que, mañana, Abelardo tiene que ‘mover’ unas cosas al interior del Congreso y que necesita 760” “¿Cuánto?”, le pregunta su asombrado interlocutor. “760, porque tiene que modificar unas cosas que van a hacer… unas leyes al interior del Congreso” (ver). A buen entendedor, pocas palabras bastan, reza el dicho popular. En el contexto de la conversación, se comprende que el abogado de DMG trataría de cambiar el voto de unos congresistas en el trámite de una ley que iba a perjudicar a su cliente. De la Espriella aceptó, después, que recibió $760 millones de pesos (más $10, ironizó) en honorarios por sus servicios profesionales. Unos le creerán al candidato; otros, no. Pero para su clima electoral ideal en este 2026, sería mejor que esos archivos (y otros de similar gravedad reputacional que reposan en varios procesos) quedaran sepultados en el olvido o mediante la censura de prensa que imperaría en su supuesto Gobierno.

“De la Espriella, abogado de DMG trataría de cambiar el voto de unos congresistas en el trámite de una ley que iba a perjudicar a su cliente”: Cecilia Orozco

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MARIO BERRIO(jbw8b)Hace 35 minutos
Como siempre Ceci esparciendo su odio, su mal querencia, su negatividad, su sesgo, su falta de equilibrio, su ceguera, pero por su todo, refleja el cheque cito que le llega del gobierno como pago de sus servicios
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