1 Sep 2021 - 5:30 a. m.

El cinismo hecho poder

Como en el cuento de Andersen (El rey desnudo), “no tiene que ser verdad lo que Duque piensa que es verdad”. O lo que él pretende que creamos que es verdad. Como en esa fábula, el presidente rey supone que todos somos estúpidos excepto él y quienes lo rodean —los pillos que alaban el fabuloso traje que lleva puesto para aprovecharse de su tontería—, cuando el único engañado es el soberano pues los demás vemos la desnudez de su pobre gestión. Sale y dice como monarca a sus vasallos: “He designado al dos veces ministro de Hacienda, Ex-Decano de Economía de la Universidad de Los Andes, Ex-Gerente Técnico del Banco de la República, y PHD en Economía, Alberto Carrasquilla, como nuevo Co-Director del Banco de la República”. Así, sin explicación. Él es el presidente, el dueño del Ejecutivo y punto. Aparte de los errores ortográficos inconcebibles en un jefe de Estado o en su escribidor (“ex” con mayúscula y separado por guion del resto de la palabra y otra colección inexistente de mayúsculas), Duque omitió, como si con sus silencios desapareciera la realidad, referirse a pequeños interrogantes de la carrera de Carrasquilla que constituyen información relevante.

Por ejemplo, por qué tuvo que retirar el nombre de su exministro, a quien iba a postular para la presidencia del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), hace apenas mes y medio; por qué en diciembre del 2020 tuvo que desistir, también, de imponerlo como nuevo gerente del banco emisor; por qué Carrasquilla merece ser premiado con el cargo de codirector de ese banco después de que su incomprensión del momento económico que atravesaba el país fuera la responsable de la hecatombe social que vivimos entre protestas multitudinarias y revueltas populares de largo alcance. Y por qué se mantiene en el sótano de los mudos el escándalo de los bonos de agua, negocio privado de intermediación inventado por el “PHD en Economía”, con el que dejó endeudados a 117 municipios pobres de Colombia por más de 20 años. Pero la tela invisible que descubre las vergüenzas de Duque en su manejo abusivo del cargo da para más que Carrasquilla. María Juliana, su esposa, fue cuestionada, en febrero del año pasado, por el senador Iván Marulanda quien preguntó si la señora del presidente usó el avión oficial de Presidencia para un viaje entre Bogotá y Cartagena de ida, venida y regreso a la Ciudad Heroica en un solo día “¡para cambiarse de vestido!”. Prensa oficial de Presidencia desmintió el hecho y lo cubrió con una “apretada agenda” de trabajo en la que nadie creyó. Por esos días, la ciudadanía también se enteró de otro viaje aéreo de la señora con sus pequeños hijos a Panaca para celebrar el cumpleaños de uno de ellos, con amiguitos y mamás a bordo: fiesta particular con bolso oficial. Y en marzo de este año, Noticias Uno descubrió la intención de Ruiz de dejar lista una edición de un libro autobiográfico en que quedaran consignadas sus obras para la posteridad, que sería financiado con el presupuesto del Archivo General de la Nación.

Hay más cola: el entramado barranquillero de la ministra Karen Abudinen (involucrada en el escándalo de adjudicación del contrato billonario para distribuir centros de internet) con el clan Char y la exministra de Duque y procuradora Cabello, quien, a su vez, dispone de su propio entramado, no preocupa a las dos mujeres. No se cuestionan si hay impedimento ético de la una para investigar a la otra. Pero el asunto se resolvió: con descarada desfachatez, una subalterna de Cabello conceptuó que no existe ninguno porque ella, la subalterna, es la investigadora. El sucesor de Cabello en el Ministerio de Justicia, Wilson Ruiz, se inventó un almuerzo “de amigos” con los miembros de todas las cortes en su finca de Nocaima, el pasado domingo. Ruiz se acerca, meloso como es, a los togados en momentos en que estos resuelven asuntos de interés del Gobierno y eligen magistrados para vacantes que al presidente le gustaría llenar con sus amigos. Y una perla de cierre: el fiscal Barbosa, exconsejero de Duque y su compañero de estudios, se fue de puente festivo a San Andrés, en avión de la Policía, con el contralor Córdoba, familias y, de nuevo, amigos y amigas. Barbosa tampoco se disculpó: se viste con las telas invisibles del presidente. Por el contrario, se sintió ultrajado por el control social que le hicimos en Noticias Uno y después en otros medios, y dijo que era un buen padre para justificarse. Y ahora se hizo construir un apartamento privado dentro del búnker —emulando la Casa de Nariño— y se fue a vivir allá con su familia utilizando al personal oficial para las labores domésticas de su casa. Preguntemos a las señoras de servicios generales y al enorme personal de seguridad que anda tras ellos hasta cuáles horas deben servirles y si les pagan por ello o si nosotros debemos cancelar sus oficios, a la que se cree segunda familia presidencial, con nuestros impuestos. Abuso y cinismo en el poder, características de esta administración.

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