13 Oct 2021 - 5:30 a. m.

El mundo se conmueve, pero en Colombia ¡es “chimbo”!

Durante dos años, alrededor de 600 reporteros, en 117 países, trabajaron para producir la investigación denominada Pandora Papers que se concretó después de analizar 11,9 millones de archivos. La coordinación de tal cantidad de información y medios estuvo en cabeza del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés). Los documentos examinados no provienen de cualquier lado ni fueron tomados al azar: hacían parte de los secretos mejor resguardados en firmas de abogados (mal) especializadas en armar sociedades fantasma y en darles, a estas, vida jurídica en lugares donde se privilegia el ocultamiento de los bienes sobre el escrutinio público, sea por su origen turbio, sea porque debido a su volumen tan abultado sus poseedores intentan evadir el pago de tributos. Así, Pandora Papers revela los movimientos financieros “opacos” de presidentes en ejercicio, expresidentes, altos funcionarios de gobiernos actuales y políticos con responsabilidades oficiales —entre otras, la de proyectar y aprobar leyes o exenciones de impuestos en sus Estados—; también, de conglomerados, de millonarios y de figuras de la farándula. Como relata El País de España, cuyos periodistas participaron en esa tarea investigativa, “Papeles de Pandora pone sobre el tapete los secretos financieros de 35 jefes y exjefes de Estado (14 de Latinoamérica, entre estos, Andrés Pastrana y César Gaviria) y más de 330 (personajes en) altos cargos de 91 países”.

La existencia de ese submundo no sería posible únicamente con el concurso de los bufetes de profesionales del derecho. Se requieren redes bancarias. Asegura El País que la firma panameña de abogados Alcogal (por sus socios Alemán, Cordero, Galindo & Lee) “ayudó a bancos de todas partes a crear, al menos, 3.926 compañías offshore (fuera del lugar de residencia) para sus clientes en varios sitios. Para Morgan Stanley —segundo banco de inversión de Estados Unidos— abrió otras 312. Y envío más de 5.400 cartas a direcciones de abogados de medio mundo para remitirles documentos societarios…”. En Pandora Papers no solo se “desenterraron” cuentas bancarias. También se develó, tras marañas societarias, la verdadera identidad de los propietarios de islas, mansiones, clubes, yates, jets privados y obras de arte del valor de Picasso y Van Gogh o de Bansky y Warhol.

Mientras el planeta financiero se sacude con Pandora Papers y las autoridades judiciales inician procesos en varias naciones democráticas —por ejemplo, en la cercana Chile en donde la Fiscalía de ese país anunció, la semana pasada, la apertura de investigación penal por presuntos delitos tributarios, cohecho y soborno en contra el presidente Sebastián Piñera por la venta de acciones del proyecto minero Dominga del que era socio y que efectuó en las Islas Vírgenes Británicas por $152 millones de dólares—, en Colombia, el presidente Duque, de límites morales corredizos: muy rígidos si se trata de sus enemigos políticos, muy laxo si los involucrados son sus aliados, declara que aquí no hay nada que investigar, país de ángeles. Duque no solicitó el concurso de la justicia para encontrar a los grandes evasores de impuestos ni siquiera por la vergüenza de la proximidad de la aprobación de su reforma tributaria que era “necesaria” para sacarnos de la quiebra, según insistía hasta hace unas semanas. Ahora dice que “tener cuentas en el exterior no es un delito” y que quienes no han declarado sus dineros pueden “acogerse al impuesto de normalización”. Estimulante mensaje.

Pero, en él, no sorprende. A poco de irse, ya entendemos su personalidad verdadera, no la que aparenta. Sin importar qué tan grave sea la conducta imputada, su grupillo, hoy en el poder, es inocente per se: Uribe, su exministra Abudinen, su vicepresidenta, su ministra de Transporte, su director de la DIAN, estos tres últimos con varios renglones incluidos en Pandora Papers. Lisandro Junco, el recolector de nuestros tributos, merece cuento aparte: “¿Qué hace el director de impuestos nacionales en Panamá, Dubái, Chipre, Londres y Delaware? Junco tiene una empresa registrada en Delaware (EE. UU.), una oficina virtual en Londres, cuentas en bancos de Chipre y una empresa SFM en Dubái”, se pregunta y contesta el respetado economista Salomón Kalmanovitz. Y, bueno, su reflexión llamaría la atención de cualquier gobierno. Pero no, estamos en Colombia y aquí lo consideran víctima. Un exdirector de Impuestos, pese a la carga de responsabilidad ética que esa condición conlleva —además de que hoy preside una entidad pública de enorme trascendencia económica—, alega, sin pena, que las revelaciones de Pandora Papers son “chimbas” porque es el gran amigo de Junco, el impresentable director de la DIAN a quien Duque no le permite renunciar para no dejarse vencer de la oposición. Debe ser que el presidente cree que el cuestionado funcionario será el mejor investigador de los evasores. A esto se refiere el poder político cuando habla de “la lucha contra la corrupción”. ¡Cómo no!

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