En el país de los nuevos “refundadores de la patria”, todos los caminos conducen a Barranquilla. Pero ya no con la concepción del Pacto de Ralito del año 2001 –que fue firmado entre los más sanguinarios capos paramilitares y un centenar de caciques políticos de la costa Caribe con el fin de apropiarse del Estado de Colombia–, sino mediante el camino legal de las elecciones presidenciales de este 2026 ¡Quién lo creyera! Hasta el propio Mancuso, el macrocriminal líder del acuerdo secreto de hace 25 años, quien, ahora desmovilizado, ha dicho que conoce al presidente entrante desde niño y sostiene que su amistad perdura, debe estar sorprendido con la similitud de propósitos del país que, en su momento, soñaron él y Carlos Castaño, y el de ultraderecha que proyecta ejecutar la administración electa. Barranquilla, la tierra dominada por los Char, los Gerlein, los Cepeda (de Efraín), etc., pero, principalmente, por la familia Char que compartirá ahora su “trono” con el mandatario que asumirá el próximo 7 de agosto, también será sede del Gobierno Nacional, según ha anunciado el entorno de De la Espriella quien, sin ser oriundo de la capital del Atlántico, sí es su hijo adoptivo: no hay otro lugar en esta nación, en que se sienta más a gusto, más arropado por sus aliados y, por tanto, más tranquilo (ver).
Barranquilla es, además de su residencia cuando se encontraba de visita temporal en este país, la ciudad en donde el electo gobernante instaló una de sus oficinas particulares, y desde la cual podrá seguir concretando sus negocios privados, lejos de la vigilancia de los periodistas inquisitivos que, aún, trabajan en Bogotá. Salvo contadísimas excepciones, y como se conoce hace tiempo, el principal periódico regional y los otros medios barranquilleros tradicionales funcionan bajo el dominio y permiso económico de la clase política local, léase (otra vez) los Char. Es así que, si se ejecuta su intención de gobernar desde esa capital caribeña, la austeridad prometida en campaña para recuperar el presupuesto que habría dilapidado el gobierno saliente empezará a quedar reducida a un relumbrón. Mover la sede del Ejecutivo, hoy en la Casa de Nariño, al edificio de la Antigua Aduana, mencionado como próximo despacho presidencial (¿cuánto costará el uso permanente de semejante joya arquitectónica?), valdrá una verdadera fortuna puesto que con el presidente, tendrán que mudarse la mayoría de las oficinas de apoyo que tiene la jefatura de Estado, sin contar con los ministros y sus propios equipos, con los directores de departamentos e, incluso, con los congresistas con los que el Ejecutivo interactúa coordina y armoniza políticas, proyectos y propuestas de manera cotidiana (ver). ¿El gabinete ministerial y sus asesores tendrán que viajar dos o tres veces por semana para asistir a los consejos o, simplemente, para hablar sobre asuntos de reserva con el mandatario que, por prudencia, no se puedan tramitar por medios digitales? ¿Cada ministro tendrá que alquilar oficinas en la capital política de facto que se instalará en tierra atlanticense por mero capricho? La guardia presidencial, el cuerpo de policías, el grupo de escoltas y asistentes, ¿tendrán guarniciones en Barranquilla? ¿Dónde se podrán albergar 100, 200, 300 hombres y mujeres de las fuerzas de seguridad y a cuál costo? ¿En cuánto se incrementarán los viajes aéreos de una a otra urbe y cuál presupuesto aguantará semejante despilfarro? Ah, pero como llegamos a la era de los milagros, podemos dormir tranquilos: Dios proveerá, como dijo el bíblico Abraham.
Y, a propósito del apellido omnipresente que también cogobernará a Colombia, uno de sus “príncipes” llamado Arturo, hijo del “rey” Fuad, y hermano del “virrey” Álex, acaba de saber que la Sala de Instrucción de la Corte Suprema lo enviará a juicio por los delitos de corrupción al sufragante (compra de votos) agravado y concierto para delinquir agravado (ver). Si es hallado culpable, podrá recibir una condena que superaría los 12 años en prisión. Sería apenas justo con la democracia y con Aída Merlano –el eslabón menor y más débil de la sociedad criminal que unió a varios de los jefes barranquilleros mencionados– para robarse las elecciones al Congreso de 2018. Merlano es la única que está en prisión por los hechos que organizó la “corona” de Curramba, hoy bastón principal del próximo presidente de la República quien, por si las dudas, ya nombró a dos alfiles de la entraña Char en su primer gabinete: Mauricio Gómez Amín, en el Ministerio de Comercio, y Elsa Noguera, en Transporte (ver). La lista sigue: Iván Cancino, abogado del “heredero” Arturo, será el ministro de Justicia (ver). Estos tres son los eslabones visibles de los primeros días de la patria incorruptible. Falta mucho todavía. Apenas empezamos a conocer el pacto de Barranquilla, la ciudad secuestrada por su clase política, hoy ampliada de local a nacional.