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Se avecina otra elección desastrosa para quienes todavía guardamos la lejana esperanza de que la moral pública se instale alguna vez en Colombia: la designación que se surtirá en el Capitolio la semana entrante imitará otra que el Senado hizo cuando entronizó a Gregorio Eljach y a su clientela en la Procuraduría General de la Nación. El Congreso en pleno votará el próximo 12 de agosto para escoger al próximo contralor general de la república. Subrepticia y ladinamente, el mismo Eljach estaría utilizando sus influencias con el fin de que se repita su gloriosa votación de 2024 que, en realidad, no fue tal sino una pelea de tigre con burro amarrado: él, que acababa de retirarse del parlamento después de ser su funcionario y cómplice de triquiñuelas durante cerca de 30 años –de los cuales 12 fue su secretario general–, logró casi unanimidad con 95 papeletas a favor de un total de 103. Ahora, el procurador que sabe que el poder es para poder, tendría candidato propio y hasta candidato de repuesto, por si alguno de ellos dos no entusiasma a los electores (ver). El predilecto de Eljach, de acuerdo con las movidas preelectorales del capitolio, es el político Jorge Eliécer Laverde Vargas, exconcejal del municipio de La Dorada, ex diputado de Caldas y quien es, hace también 12 años, el secretario de la Comisión Sexta del Senado, en donde fue compañero de Eljach cuando este ocupaba la Secretaría General de la cámara alta. Si ambos, Eljach y Laverde, se lo proponen, garantizarán un buen volumen de votos entre los 102 senadores (uno está detenido) y 182 representantes (una se encuentra en prisión).
Así que no sería nada raro que Laverde sea el Contralor General 2026-2030. En ese caso, este otro politiquero dominaría el segundo gran organismo de vigilancia del Estado colombiano y las dos entidades serían cooptadas por personajes caracterizados por las mañas de dudosa legalidad que se estilan en el Congreso. Hay que decirlo: por su trasegar público, Eljach y Laverde parecen más funcionales al ocultamiento, manipulación y silenciamiento de hechos corruptos que a su vigilancia y castigo. Finalmente, el beneficiario central del desequilibrio en que quedaría el sistema de pesos y contrapesos de nuestra opaca democracia será el gobierno De la Espriella, que no tendrá quién lo contenga. Laverde Vargas no está exento de sospechas judiciales. La Comisión Sexta del Senado, su hogar laboral, es la encargada de ejercer control político sobre el ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones, TIC. Resulta que la ministra de las TIC de Iván Duque, la barranquillera Karen Abudinen del clan Char (la misma del escándalo del fracaso multimillonario de Centros Poblados), decidió controlar a su controlador: en 2021, nombró como su asesora a la esposa de Laverde, Olga Lucía Ríos, con un salario de $9.600.000 ¡Congreso y Gobierno unidos por matrimonio! Aunque lo ha negado, el nombre del secretario Laverde también figuró como aliado del senador de Caldas, Mario Castaño, que murió en la cárcel pagando condena por las millonarias coimas que cobraba en porcentajes por contratos de infraestructura que gestionaba con funcionarios de Duque en todo el país, incluyendo Caldas, por supuesto. Se trata del caso de megacorrupción conocido como ‘Las Marionetas’ (ver).
Un político “Laverde” de La Dorada, Caldas, es mencionado tres veces en el expediente penal que condujo a la condena de Castaño. Fue nombrado por los dos operadores más cercanos al senador fallecido (Juan Carlos Martínez Rodríguez y Alejandro Noreña) cuando hablaban telefónicamente sobre el entramado criminal de intercambio de puestos y sobornos. En una de las grabaciones quedó registro de varias frases sugestivas de delitos: “(JCM): ¿usted se dio cuenta que (sic) Cristina Jaramillo no aceptó esa contraloría que le iban a dar?”. (AN): “Sí, sí”. (JCM): “eso se lo quiere dar Mario a Mechas, el de La Dorada, que para de una vez cogerlo y yo no sé qué…” (ANC): “pa comprometer a Laverde pues”. (JCM): “Sí”. (ANC:) “claro, con razón Laverde está que no le importa sino Mario.
(JCM): “sí, por eso, a ese man le dieron una cosa en Quindío también; o sea, a ese man lo han tenido bien” (pág. 307. Radicado 00542. Sala Instrucción Corte Suprema). Preguntado en su momento por esas menciones reveladoras, el hoy candidato predilecto a contralor general negó sus nexos con Castaño: “Al ser consultado por [el medio digital] Vorágine, Laverde explicó que su relación ‘era de diferencias profundas con el señor Mario”’ y que nunca ha estado interesado en trabajar en la Contraloría ‘porque siempre he tenido empleo; debe ser un homónimo u otra persona”, contestó (ver). “¿Nunca ha estado interesado en la Contraloría?” Bueno, la verdad suele pesar más que la mentira, aún en estas épocas de campañas fantasiosas.
Entre paréntesis I.- Además de Eljach, detrás del posible próximo contralor general que tendrá a su disposición más de cuatro mil cargos públicos, se encuentra el heredero de César Gaviria, su hijo Simón. No será gratuito.
Entre paréntesis II.- Los otros tres candidatos con opción de ser elegidos para dirigir el organismo de control tampoco son dechados de virtud republicana. Eljach y el próximo contralor hablarán el mismo lenguaje, sea quien sea. La hecatombe.
