NOS ENSEÑAN QUE LA LÍNEA MÁS corta para llegar de un punto a otro es la recta. Falso. Es más rápida la ruta del ‘lagarto’.
Un ejemplo contundente es que los individuos de esa especie rastrera se autodenominan periodistas cada vez que desean acercarse al poder. Y ¡Zas! Se les abren las puertas de residencias y despachos, inaccesibles al resto de los mortales. Pregunta María Isabel Rueda en la revista Semana (entrevista a Armando Marti, titulada “El ‘brujo’ acusa”, sep., 2006): “¿Cuál es su profesión?”. Respuesta: “Soy periodista. Tengo la tarjeta No. 116666 del Ministerio de Educación, y ejerzo desde hace 20 años. Pero como elemento particular soy un síquico” (negrillas fuera de texto). “¿Síquico es lo mismo que mentalista?”, le contrapregunta María Isabel. “Pues se trata de una persona especial que tiene un don” como “Pavarotti dando un do de pecho”, argumenta de manera cacofónica Marti, y añade: “Hice un doctorado en logoterapia”. Por poco se le escapa la “b” en vez de la “g”.
Este aprovechador que menciona la escuela creada por el neuropsiquiatra vienés Viktor Frankl cuando quiere darse importancia, no pudo firmar contrato a su nombre en la Fiscalía, precisamente porque a la hora de presentar certificaciones no acreditó ser sino “mentalista” y ese título no sirve para encargos oficiales. En cambio, consta que es experto en labia. Ha embaucado a gente cándida, e incluso a los fiscales Osorio e Iguarán. Es tan hablador, que ha conseguido que la prensa, radio, televisión y web le hagan publicidad gratis, sin cobrarle por cada milagro que se hace atribuir.
Por lo que se asegura, Marti es un semidios que puede anticipar eventos obvios, como triunfos o reveses políticos, después de las encuestas; temblores y terremotos en cualquier lugar del planeta; aparición de nuevos virus “resistentes a la penicilina”, o el hallazgo de una avioneta accidentada en uno de los dos únicos cerros donde se la buscaba. Entre sus facultades también estaría la de prever las muertes pero las de los famosos, porque si usted es un anónimo ciudadano, olvídese, no clasifica. Circula en internet la ‘noticia’ de que predijo los fallecimientos de Manuel Marulanda, Fanny Mikey y hasta el de D’Artagnan. La prueba reina de su premonición, en el caso de la triste desaparición de Roberto Posada, es que la había anunciado en la radio. Lo que no aclaró es que eso sucedió el 9 de enero pasado, cuando ya se sabía públicamente que Roberto luchaba contra un avanzado cáncer de cerebro. Tampoco tuvo el recato de señalar que jamás se refirió a D’Artagnan, sino a “un columnista que morirá de diabetes”.
Marti acomoda afirmaciones genéricas que se pueden ajustar a cualquier circunstancia. Exagera métodos corrientes para que parezcan extrasensoriales. Se arrima a personajes con angustias. Les cobra duro por una presunta terapia, se toma fotos con ellos y después las exhibe, o lo peor, cuenta con quién estuvo y para qué. Así ocurrió con Yolanda Pulecio y con María Zulema Vélez, la viuda de Juan Luis Londoño. Se hizo propaganda con las desgracias de ellas, aunque lo que narró era fantasioso y violatorio de compromisos. Este vividor es quien sale ahora de la mano de Herbin Hoyos (¡Qué desilusión! ¿Este es el que ayuda a los desvalidos?) para revelar, y no por el deber de denuncia oportuna, los asuntos que conoció bajo el sigilo de ‘consultor’. Si yo tuviera cita con el brujo de marras, la cancelaría de inmediato. Cobra medio millón por echar carreta y además, sale y exagera lo que uno le confió.