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20 Apr 2022 - 5:30 a. m.

¿La DEA mete sus narices en las elecciones?

Hablando con la revista Cambio, el candidato Petro contó que hace unos meses, cuando se encontraba en un acto en el Hotel Tequendama con Piedad Córdoba, quien ese día anunciaba su adhesión al Pacto Histórico, se enteró de que en el salón en que estaban él y sus seguidores se encontraban dos extranjeros que habían manifestado su intención de aportarle recursos a su coalición: “Yo voy al acto en el Hotel Tequendama con Piedad ... está lleno el recinto y se dice que ahí estaban los ‘mexicanos’ —que terminan siendo de la DEA—, que tenían dineros en efectivo, y bastante; que me estaban buscando bajo la idea de que iban a hacer un aporte a la campaña. Y ellos creyeron que (yo) iba a recibir (ese) dinero ... Nunca hubo ese contacto ... pero sí pasó con el hermano de Piedad” (ver). Las personas que estuvieron en el Tequendama el 23 de septiembre del 2021 vieron a una pareja de hombres con un maletín negro, merodeando por el salón. No lograron acercarse al candidato pero, si se trataba de los mismos agentes norteamericanos que entramparon al hermano de la senadora, ellos ya estaban en tratos con este hacía varios meses, en Medellín. Ahora Álvaro Córdoba está recluido en La Picota —la misma cárcel a la que terminó yendo, de manera tan torpe como incomprensible, el hermano del propio Petro—, a la espera de ser extraditado a Estados Unidos en donde lo espera un juicio por conspiración para introducir 5 kilogramos de cocaína a ese país, recibir US$15.000 y portar un arma. Según el candidato, aunque desconoce cuál fue la conducta que adoptó el familiar de la senadora, la trampa de la DEA estaba calculada, originalmente, para él: “Eso iba con destino a mí. O sea, lo que buscaban no era al hermano de Piedad. Buscaban a Petro ... y sí hubo el intento”. Y advirtió que de aquí al 29 de mayo habrá otros ataques similares.

En el documento de extradición de la justicia norteamericana con que esta le solicita a Colombia el envío de Córdoba, consta que un hombre de la DEA (Administración para el Control de Drogas), que se identifica como CS-1 y quien aparentaba ser un narco mexicano, logró hacer amistad con una mujer que resultó ser amiga de la familia Córdoba; que ella, entrada ya en confianza con el “mexicano”, le presentó al hermano de la política y a otro amigo; que después apareció un segundo agente con cobertura de traficante de mayor rango que el primero (CS-2) y que ambos buscaban comprar, transportar e introducir alijos de droga a Estados Unidos. En alguna parte del indictment, como se llama el documento de acusación, se lee que uno de estos agentes encubiertos le pidió al hermano de Piedad que les consiguiera un personaje local importante, con influencias, para que les facilitara el transporte de la droga sin mayores interferencias. En ese momento, Córdoba “declaró que no tenía las conexiones que CS-1 necesitaba pero que empezaría a hacer consultas”, se lee, de modo textual.

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