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¿La parapolítica de Medellín?

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Cecilia Orozco Tascón
22 de octubre de 2008 - 02:06 a. m.
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NADIE SALE BIEN LIBRADO DE LA PElea que ha estallado en Medellín entre miembros de la clase política tradicional y la presuntamente nueva, la cual, según lo dicho, habría adoptado los mismos vicios de la primera.

Con independencia de quién tenga la razón en la disputa que sostienen el desacreditado ex alcalde Luis Pérez y el reputado —hasta ahora— burgomaestre Alonso Salazar, hoy es evidente que la imagen positiva de la capital de Antioquia, al menos en materia de recuperación del manejo del orden público para el Estado, era una mentira fabricada por una prensa ligera y por las encuestas. Es sano reconocer lo que hace rato se rumora en los corrillos bogotanos y antioqueños sin que haya quien lo asegure en voz alta: la cacareada reconciliación social de la ciudad en época de Sergio Fajardo se hizo con base en la cohabitación con gente de la laya de Don Berna, a cuya tenebrosa organización, dizque en proceso de desmovilización, se le habría delegado el mantenimiento de la convivencia en las comunas; la vigilancia de amplios sectores urbanos mediante el control del transporte público; y en consecuencia la garantía de la gobernabilidad de la alcaldía de entonces.

La disculpa institucional para aprobar ese pacto tácito fue un experimento que se llama Programa Paz y Reconciliación, de la Alcaldía, que fue presentado en su momento como un ejemplo mundial de efectividad. Pero como la verdad es como el agua, o sea que siempre traspasa hasta las hendiduras más estrechas, ha salido a relucir ahora.

A finales de julio, el jefe de Estado sorprendió con su ya famosa frase “acábelos y por cuenta mía”, en medio de un enigmático discurso en el que se quejaba de las condiciones reinantes en su ciudad. El “acábelos” iba contra un par de asesinos de la oficina de Envigado, la que suponíamos erróneamente que era la acabada. Un mes más adelante, el país se enteraba de la penetración del cartel de Don Mario en el campo político, judicial y social de Medellín. Resultaron involucrados Guillermo Valencia Cossio, director de Fiscalías y hermano del Ministro del Interior; el comandante local de Policía y un hijo de la clase alta, dueño de una firma de vigilancia favorecida con contratos oficiales municipales y nacionales.

En las horas siguientes el alcalde Salazar revelaba que los cómplices de Don Mario conspiraban contra él porque los estaba haciendo retroceder. Después salió a la luz pública un video de alias Job, escudero de Don Berna y del abogado de su cuerda, Óscar Iván Palacio, entrando a la Casa de ‘Nari’. Y ahora, Luis Pérez resulta acusando a Salazar de haber pedido el apoyo de Don Berna y sus muchachos, para su elección. ¿Es esta una guerra de venganzas entre las bandas del jefe paramilitar extraditado, la oficina de Envigado y la de Don Mario? Eso no sería raro. Lo escandaloso es el poder político que esos genocidas alcanzaron y que en mitad de ellos se encuentren las alcaldías de un ex funcionario que se hizo el de la vista gorda; la de otro que como mínimo tiene interlocución con los delincuentes; y la de Salazar, quien se habría vendido. ¿Estamos descubriendo la parapolítica de Medellín? Y a propósito, ¿la seguridad democrática se quedó en la selva y no alcanzó para la ciudad del Primer Mandatario?

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