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16 Feb 2022 - 5:30 a. m.

La sagrada familia Char

La fiscalía del amigo de Duque ha hecho exactamente lo que le ha venido en gana, uno, con el abultado presupuesto que le corresponde a esa entidad, el cual debería haber invertido en la administración de justicia, pero, en cambio, ha feriado en puestos, contratos, viajes, asesores, etc.; y, dos, en materia de manipulación de las investigaciones que se adelantan ahí, distribuyéndolas entre las que ejecuta a toda velocidad (cuando el involucrado carece de influencias o cuando hay que tirarle carne a la galería, como el caso del asesinato del peluquero) y las que ordena dejar inamovibles o con desviaciones importantes de la verdad judicial si los afectados son amigos y aliados de causa política como en el proceso de Uribe Vélez. Sin embargo, y aunque el precandidato presidencial Alejandro Char, su hermano Arturo, expresidente del Senado, y su padre, el potentado Fuad constituyen un clan con mucho poder, le va a quedar difícil, a Barbosa, ignorar la montaña de señalamientos que ha recaído sobre cada uno de sus miembros, gracias a que una de sus beneficiarias decidió descorrer el velo que cubría a esa sagrada familia con la gloria inmarcesible de la patria. En efecto, detrás del telón había muchos crímenes, según ha contado Aida Merlano: adjudicaciones ilegales de megaobras; robo de dineros públicos que se extraían de los que daba la Nación, la gobernación o la alcaldía; uso delictivo de esos dineros en campañas; elección de senadores y representantes mediante votos corrompidos... Así se entiende mejor cómo fue que el precandidato logró reunir casi tres millones de firmas en solo en treinta días para avalar su candidatura (ver) mientras otros políticos sudaban durante meses intentando presentar 100, 200 o 300 mil rúbricas.

Pero el affaire Char no se limita a delitos electorales que, contrario a lo que se afana en publicitar la Fiscalía en cuanto a que Merlano “no ha entregado una sola prueba” (ver web), pueden constatarse, o no, en más de 200 documentos que se encuentran en manos de la justicia. Tanto afán de la oficina de Barbosa en divulgar que no cuenta con medios probatorios, y tanta compulsa de copias por parte del magistrado Farfán, de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema que investiga a Arturo Char, suena a que, en la Corte, quieren dispersar las responsabilidades; y a que en el despacho de Barbosa se esfuerzan por impedir que se inicien procesos contra el exalcalde y su inalcanzable padre o, más bien padrino. No en vano este clan ha sido fiel a los intereses de Duque; antes, a los de Uribe, a los de todos los gobiernos que estuvieron y pasaron y, por supuesto, a los de Vargas Lleras. O sea, los dioses del Olimpo político. Hasta Pastrana, quien aparentemente no tenía por qué meter baza en este asunto, ha terciado a favor de Char. Sabrá por qué se mueve.

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