Aun quienes hemos sido observadores permanentes del fenómeno de corrupción que carcome al país nos asombramos ya no del hurto de los dineros públicos que desaparecen en arcas privadas, sino de la desfachatez con que actúan los protagonistas del gran robo nacional. Las semanas preelectorales han puesto en el foco público a unas parejas del poder tradicional, ese que cree que nació con el derecho de enlazar la política con los negocios empresariales; estos, con la contratación oficial y sus billones de pesos; esta, con la compra de elecciones para sentar en los puestos clave de decisión —alcaldías, gobernaciones, curules,...
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