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9 Feb 2022 - 5:30 a. m.

Las intocables parejas del poder

Aun quienes hemos sido observadores permanentes del fenómeno de corrupción que carcome al país nos asombramos ya no del hurto de los dineros públicos que desaparecen en arcas privadas, sino de la desfachatez con que actúan los protagonistas del gran robo nacional. Las semanas preelectorales han puesto en el foco público a unas parejas del poder tradicional, ese que cree que nació con el derecho de enlazar la política con los negocios empresariales; estos, con la contratación oficial y sus billones de pesos; esta, con la compra de elecciones para sentar en los puestos clave de decisión —alcaldías, gobernaciones, curules, ministerios, organismos de control— a quienes garanticen que la política seguirá entrecruzada con los negocios... Y así, puede continuar fresco el poder tradicional al que tiene sin cuidado, más allá de sus discursos huecos, que el encadenamiento de sus intereses con el manejo del Estado es lo que se llama, precisamente, corrupción.

Decía que las parejas del poder quedaron sumergidas en escándalos muy mentados por estos días, gracias a las revelaciones judiciales y periodísticas. ¿Y después? Ellas saben que nada les pasará. Que nadie las tocará en esta Colombia corrupta que sigue su camino sin mirar a los lados ni atrás, resignada a vivir en la desgracia del sin futuro. Alejandro Char, el príncipe de Barranquilla en donde su padre, Fuad, es rey, es precandidato presidencial, ha sido gobernador, dos veces alcalde, concejal, hermano de expresidente del Senado y, simultáneamente, ha mantenido prósperos negocios personales y familiares de construcción en su región y en todo el territorio nacional. Los parientes Nule de su esposa, con quienes ha compartido adjudicaciones millonarias como la vía Bogotá-Girardot, fueron condenados por el denominado “carrusel de la contratación de Bogotá”.

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