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30 Nov 2022 - 5:30 a. m.

Martínez Neira, el vulnerable

Muy angustiado y vulnerable debe sentirse Néstor Humberto Martínez, un intocable en Colombia —tan intocable que un presidente de la República lo convirtió en candidato a fiscal general y una Corte Suprema lo eligió a pesar de que presidente y Corte sabían quién era—, para acudir al procedimiento extremo de hacer que le publicaran, en el periódico cuyo propietario es su cliente principal, una carta dirigida a altos funcionarios, en Estados Unidos, con la que pretende defenderse de los molinos de viento que él ve como gigantes que le cortarán la cabeza. Debe ser muy honda la desesperación que lo agobia para que el abogado acostumbrado a batallar en los más intrincados procesos use la prensa como su mejor método para enfrentar una presunta “conspiración” internacional en su contra, que estarían urdiendo unos supuestos vengadores criollos que se estarían desquitando de su implacable administración de justicia.

La carta, desplegada a lo largo de toda una página en El Tiempo físico, es casi surrealista por su contenido fantasioso y por la dificultad de comprender lo que narra sobre ciertos hechos criminales que no todo el mundo conoce o recuerda. Por ejemplo, los relacionados con la corrupción de Odebrecht que consistió en la entrega de sobornos, de esa constructora brasilera, a presidentes, ministros y altos directivos latinoamericanos, entre estos unos colombianos, para asegurarse la adjudicación delictiva de grandes obras de infraestructura a costos billonarios. Martínez Neira era el fiscal general (2018) cuando aquí estalló el escándalo de Odebrecht con la contrariedad mayúscula —que a él le pareció una nimiedad— de que, años atrás, él había sido apoderado del socio nacional de Odebrecht, el Grupo Aval, en asuntos relacionados con ese mismo negocio. Desde entonces, Martínez estuvo andando en la cuerda floja entre su función de investigador de uno de los actos de corrupción más graves del continente, y su fidelidad al grupo de Luis Carlos Sarmiento Angulo.

En su adolorida comunicación a las autoridades judiciales de Estados Unidos, Martínez se declara víctima, él con su poderío, de unos supuestos victimarios que no tienen ni la mitad de la mitad de sus recursos. Coincide su queja con el anuncio de apertura de investigación penal a quien él designó, precisamente, para indagar sobre los sucesos del caso Odebrecht: el fiscal Daniel Hernández quien, ahora, será procesado por no darles curso a las capturas de tres ejecutivos brasileros responsables de la operación de compra de funcionarios colombianos. Coincide también y sobre todo con las informaciones que indican que el FBI y el Departamento de Justicia han encontrado, este año, mediante las pesquisas de sus agentes en Bogotá y sus recientes entrevistas a dos condenados, que recibieron coimas del consorcio constructor, motivos para vincular a sus juicios, por delitos que afectan a Estados Unidos, a varios personajes nacionales cuya conducta aún no ha sido escudriñada con la independencia judicial que se requiere.

Uno de los condenados que habría hablado con el FBI, según se ha ventilado, es Otto Bula, un lobista y expolítico cercano al exsenador Mario Uribe Escobar (condenado por nexos con los paramilitares y primo del expresidente que sabemos). Martínez Neira menciona a Bula como uno de los integrantes del grupo conspirador y aduce que busca venganza. Pero guarda silencio sobre las nuevas declaraciones de Bula en el búnker, de hace apenas tres meses, en las que habría comprometido el nombre del exfiscal general. Así que, vistos los sucesos desde afuera, puede entenderse que Néstor Humberto Martínez sienta que la estantería se le viene encima. Puede uno entender, también, el cataclismo interno que lo acosa y que lo hace anticiparse, torpemente, a una acusación inventando cuentos sobre complots y operativos de venganza en que participarían Gonzalo Guillén y otros periodistas, además de algunos de sus propios antiguos amigos que, ahora, lo odiarían y a los que les atribuye una influencia irracional. ¿No dizque Martínez Neira es superinteligente, superastuto y superdocto en derecho? ¿Creerá que su alharaca en El Tiempo y sus otras cartas desesperadas a Estados Unidos van a conmover a una agencia o una corte norteamericana si resulta cierto que lo van a llamar? Del exfiscal habría que decir que dedicó sus energías a la defensa de sus opulentos clientes y que no ha podido armar la suya.

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