4 Aug 2021 - 5:30 a. m.

Mensajes perversos de la Fiscalía Barbosa

Todavía no estamos al tanto de la magnitud del desastre que dejará el paso del señor Barbosa por la Fiscalía General. Esta entidad, a pesar de los profundos errores en que ha incurrido la Corte Suprema por su falta de independencia electoral cuando vota por la persona que la dirigirá cada cuatro años, ha mantenido, mal que bien, la función que le asignó la Constitución, es decir, investigar los delitos que se cometen y acusar a los presuntos responsables ante juzgados y tribunales. Pero Barbosa, un sujeto psiquiátrico que, como salta a la vista, no estaba preparado —por más títulos que ostente— para asumir semejantes cargo y reto, está destruyéndola de tal manera que cuando termine su periodo habrá que rehacerla para que la ciudadanía vuelva a respetar, al menos, a sus fiscales e investigadores, hoy sacrificados en medio de la politiquería del grupo gobernante que lo puso ahí sin acreditar “mérito” distinto al de ser compañero de pupitre de Duque. El autobombo en que viene empeñado este individuo, con sus bien pagados asesores y sus subalternos de prensa que trabajan solo para desarrollar una estrategia publicitaria alrededor de su figura, no alcanza a ocultar las ruinas que van quedando en ese despacho, ni el ridículo que hace su ocupante cada vez que aparece, todo engolado, a explayarse en los supuestos éxitos que se atribuye.

Las entrevistas complacientes que le hicieron por la imputación que le formuló el fiscal del caso al general (r) Mario Montoya por los asesinatos cobardes de 104 civiles disfrazados de guerrilleros contenían, ciertamente, material de gran significado. Sin embargo, el momento en que la Fiscalía General decide asumir ese espinoso tema no tiene relación con la oportunidad judicial pues los crímenes que Montoya determinó sucedieron hace 13 años y Barbosa llegó a su puesto hace año y medio cuando el expediente de los falsos positivos ya era contundente y cuando agilizar las decisiones al respecto solo requería de su autorización: él mismo contó que “el año pasado” conversó con la presidenta de la JEP de esa época, Patricia Linares, sobre la parálisis de los procesos de falsos positivos. Aseguró, también, que había que derogar una circular y escribir otra de media página para que empezaran a andar las etapas del proceso. ¿Por qué, entonces, se demoró 12 meses en hacerlo? La única razón que se me ocurre, conociendo su patética dependencia del uribismo, es que no tuvo, antes, permiso ni valor.

Podría uno preguntarse, también, ¿y ahora por qué sí? De nuevo, el motivo que se me viene a la mente es que tanto él como su amigo de secretos Jaimes y como el propio procesado Uribe Vélez necesitan, con urgencia, legitimar —exhibiendo la Fiscalía como investigadora balanceada— la preclusión que los tres están procurando conseguir contra la lógica probatoria que la Sala de Instrucción de la Corte Suprema, esta sí legítima en sus conclusiones, validó con creces argumentativas. No me baso únicamente en mi imaginación. Hay elementos objetivos que permiten pensar que la angustia de su desprestigio está llevando a Barbosa y al grupillo que ha llevado a la entidad a cometer toda clase de arbitrariedades. Les transcribo dos mensajes enviados por los canales internos de la Fiscalía: “¡Urgente! Por favor revisar la siguiente información y dar respuesta por correo antes de las 11 a.m. de hoy (27 julio, 2021, segundo día de audiencia de preclusión caso Uribe): listado de casos con imputaciones o medidas o condenas contra gente del Centro Democrático y cercanos a Uribe que se haya hecho (sic) durante esta administración. Algo sencillo con nombres, actuación judicial y fecha. Ejemplo: Andrés Felipe Arias, César Mauricio Velásquez, Edmundo del Castillo”. ¿Para qué se necesitaba esa información si no era para aliviar el descrédito de Barbosa? No se sorprendan todavía. Este mensaje parece develar el modus operandi del fiscal general y de sus segundos para defenderse... o atacar. El 28 de mayo pasado, fecha de movilizaciones, disturbios y muertos en Cali por disparos oficiales y de civiles que accionaban sus armas al lado de los policías, día también en que Duque anunció la militarización de una parte del país y en que Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, pedía garantías para los manifestantes e investigaciones por los asesinatos del paro, circuló este correo en la Fiscalía: “De manera atenta se solicita su colaboración con el fin de consultar con los despachos a su cargo, si se adelantan investigaciones donde (sic) se involucren funcionarios de Naciones Unidas (ONU) por hechos relacionados con corrupción (sic), en caso afirmativo, remitir despacho, NC, hechos y estado actual”. Una Fiscalía vengativa, amiguera y muy probablemente delictiva es la de Barbosa. No hay que engañarse con sus cantos de sirena y su cara de prócer. Tarde o temprano el tren de prevaricatos que se hila en ese oscuro lugar se descubrirá. Y varios de sus autores deberían parar en la cárcel o, al menos, ser condenados a nunca más pertenecer a la Rama Judicial.

Entre paréntesis. Faltan datos asombrosos de lo que ocurre en el búnker. Ya se sabrán.

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