El ministro de Transporte, Guillermo Reyes, lleva escasas dos semanas en el cargo y ya lo ha atacado la enfermedad del poder, esa que domina a quienes llegan a ciertas posiciones haciéndoles creer, alucinados, que por ingresar a los círculos de decisión una luz del cielo los bañó y los convirtió en deidades inmunes, intocables e inalcanzables. Hay que empezar por decir, con franqueza, que Reyes no parece ser el líder adecuado para dirigir el presente y futuro de la infraestructura vial del país, como corresponde al ministerio que le entregó el presidente Petro, y que esa cartera podría tener mejores augurios en manos más técnicas,...
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