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27 Apr 2022 - 5:30 a. m.

No se puede gobernar con trinos... ni con esqueletos

Los mensajes cruzados, de manera tan agresiva, entre quien podría llegar a ser el próximo presidente de la República y jefe supremo de las Fuerzas Militares, y el actual comandante del Ejército Nacional que tiene bajo sus órdenes a 240.000 hombres y mujeres activos, la mayoría armados, además de una gran irresponsabilidad de los dos personajes, reflejan el desorden institucional en que está sumida Colombia como consecuencia del gobierno torpe, débil, ignorante y prepotente que impuso, con engaños, el uribismo retardatario. El legado de Duque es el caos institucional: nadie pone orden en casa mientras él y su corte, un grupito arribista que desconoce las teorías del Estado y el carácter sagrado de los bienes públicos, raspan hasta la última migaja de poder antes de que se les termine su cuarto de hora. Ojalá sea pronto para recuperar la dignidad de ser colombianos.

Volviendo con la historia de los mensajes, trinos publicados en las cuentas de cada contrincante prendieron la mecha. El primero de ellos, el senador Gustavo Petro incendió las tribunas a sabiendas de lo que hacía y de las respuestas que seguramente le llegarían. Quien aspira a dirigir el país y cuenta con enormes probabilidades de lograrlo, si es más formado que Duque —y, desde luego, lo es—, entiende que cada una de sus palabras producirá efecto expansivo. Y que sus contradictores, en particular aquellos que tienen esqueletos en el armario, aprovecharán para intentar descargar sus culpas y conseguir réditos a costa del país. Si Petro afirma que “mientras los soldados son asesinados por el Clan del Golfo, algunos de los generales están en la nómina del Clan”... y que “la cúpula se corrompe cuando son los politiqueros del narcotráfico los que terminan ascendiendo a los generales”, es obvio que se producirá, de inmediato, un escándalo en que lo que menos importará será si miente o si dice una verdad de a puño. Y prevalecerá la ira en lugar de la razón. Es claro que quienes mueren en los ataques de las bandas criminales son los soldados, jóvenes de las clases populares, y no los generales de los clubes; y, aunque me da mucho dolor que sea así, también existen casos protuberantes de oficiales que han sido promovidos por narcopolíticos y que han sido mencionados por jefes de esa banda, en concreto, por alias Otoniel y alias Matamba, como sus aliados en el negocio del tráfico de droga. Constan en la JEP y en fiscalías delegadas ante la Corte expedientes y declaraciones sobre este escabroso asunto. Pero sobre el candidato presidencial Gustavo Petro el punto no es si sus trinos son ciertos. Eso importa poco. Es más: resulta más grave que se exprese como si fuera un “influencer” de 16 años, siendo verdad lo que dice. Al senador candidato se le impone la moderación y la prudencia de un estadista entendiendo que, si llega a la Casa de Nariño, no se convertirá en un hipócrita que se abrazará con los uniformados corruptos en el acto de posesión, sino que los enfrentará y que destacará en los puestos de comando a quienes se lo merezcan.

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