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8 Dec 2021 - 5:30 a. m.

Policías con padrino político

Como sucede en los corrillos de los partidos tradicionales cuando sus caciques modifican a dedo, en un intercambio de favores personales, a los candidatos a puestos y contratos públicos, la lista de los coroneles de la Policía con opción a ascender al grado de general el año entrante cambió en cuestión de horas: una era la oficial, anunciada a las diez de la noche del viernes pasado, y otra la que se publicó cerca de las ocho de la mañana del sábado. El hecho no es nuevo. Solo que esta vez quedó una prueba irrefutable de que, en ese proceso que debería regirse únicamente por competencia de méritos, hubo incidencia extraña y por fuera del reglamento. El director de la entidad, que pasa por una de sus peores crisis de credibilidad e imagen, general Jorge Luis Vargas, reveló, al final de la semana y ante un grupo de oficiales interesados en la noticia, los ocho nombres escogidos por la junta de generales (ver). Esa selección puede tener distorsiones surgidas de los odios o amores que crecen en las relaciones laborales pero, en gracia de discusión, debe admitirse que se trata de una evaluación que se presume legal. Otra cosa ocurrió en la mañana del sábado: el número de coroneles con opción de realizar, en 2022, el Curso Estratégico de Seguridad Pública (requisito para ascender) subió a 12. Así fue comunicada la nueva información en los canales oficiales de la Policía y en un boletín de prensa (ver). La aparición de los cuatro afortunados que se colaron en el grupo de quienes harán parte del generalato produjo indignación entre los otros coroneles que también aspiraban a continuar su carrera.

Alrededor de unos 30 oficiales que no contaron con esa suerte y que saben que su destino es el retiro se preguntan, con razón, por qué compañeros con menores calificaciones fueron premiados por encima de quienes merecían ese triunfo.

Según datos internos, después de su anuncio del viernes, Vargas recibió una llamada de Diego Molano, ministro de Defensa, para darle la orden presidencial de incluir los nuevos nombres en la lista que se presentará ante el Congreso (ver). Por la inclusión inmediata de los mismos, se sabe que el director de la Policía obedeció sin defender la institución que juró respetar. Triste espectáculo: si la cabeza actúa de esa manera, ¿qué podemos esperar de los demás uniformados? Entre los ascendidos se encuentra un coronel famoso, no por su esfuerzo y trabajo excepcional sino por ser el protegido de Andrés Pastrana a quien sirvió como jefe de seguridad durante ocho años. Se llama Faxir Ramírez Horta, actual agregado de la Policía en Chile, un cargo diplomático-político que depende, enteramente, de la voluntad del presidente de la República y de su canciller. Antes, Ramírez se desempeñó —aunque no por mucho tiempo pues deja la impresión de que no da pie con bola— como subdirector de la Policía Fiscal y Aduanera (POLFA), gracias a la pataleta que Pastrana le armó a Duque y a su entonces ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo (q. e. p. d.). Fue cuando el general (r) Juan Carlos Buitrago, director de la POLFA en aquella época, prefirió renunciar en protesta por la influencia politiquera en esa entidad de enorme importancia para la inteligencia del Estado. Entonces, el expresidente (de quien pensé que era mejor ser humano), furioso porque no satisfacían sus caprichos, intentó judicializar al general Buitrago por el crimen de “no hacerle caso” (ver). Fue Pastrana, también, el padrino del oficial Faxir Ramírez cuando la Policía quiso ponerlo a responder por una tarea de mayor envergadura que la de ser el edecán servil de un exmandatario (ver).

Lo que no acabo de entender es por qué Duque, tan altivo y despreciativo con los críticos de la conducta desviada y, en ocasiones, criminal de miembros de la Policía, se muere de susto con Pastrana y termina entregándole lo que le exija. El jefe de Estado aparenta estar interesado en la reforma a la institución policial, cambiándole el uniforme verde por uno azul y protegiendo su estatus de cuerpo armado, cuando lo cierto es que si se decide que la Policía pasa al Ministerio de Justicia o al del Interior, su sometimiento al clientelismo será igual o peor que el que padece en la actualidad. ¿Quién le producirá más susto al presidente: Uribe o Pastrana?

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