Los empleados de la Procuraduría saben que, fuera de los centenares de puestos asignados a dedo durante su periodo por clientelismo político, judicial y social, Margarita Cabello “blindó” su despacho, desde el mismo día en que se posesionó, con un pequeño círculo compuesto por funcionarios que escogió de su entorno personalísimo y, por supuesto, sin que sus seleccionados pasaran por los concursos de ley. De esta manera, supone uno, se aseguraba de contar con fidelidad absoluta, no a los principios cristalinos que deberían regir el Ministerio Público, sino a ella y sus decisiones, de tal modo que no se encontraran nunca...
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