Cuando se fugó Aida Merlano, en un acto de teatro del absurdo en que se mezclaron el disparate cómico con el riesgo de morir por la fragilidad de la cuerda que le sirvió de ascensor desde la ventana de un tercer piso hasta la calle, el escándalo fue mayúsculo: la conquistadora de los hombres más poderosos de Barranquilla se voló de la cárcel en que estaba pagando sus deudas, ante las narices de sus guardianes del INPEC. La ministra de Justicia, Margarita Cabello, y el general Óscar Atehortúa, director de la Policía, trataron de demostrar lo que nunca tuvo este Gobierno: voluntad anticorrupción real. Entonces despidieron a varios...
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