Cuando se fugó Aida Merlano, en un acto de teatro del absurdo en que se mezclaron el disparate cómico con el riesgo de morir por la fragilidad de la cuerda que le sirvió de ascensor desde la ventana de un tercer piso hasta la calle, el escándalo fue mayúsculo: la conquistadora de los hombres más poderosos de Barranquilla se voló de la cárcel en que estaba pagando sus deudas, ante las narices de sus guardianes del INPEC. La ministra de Justicia, Margarita Cabello, y el general Óscar Atehortúa, director de la Policía, trataron de demostrar lo que nunca tuvo este Gobierno: voluntad anticorrupción real. Entonces despidieron a varios funcionarios y cambiaron al director del Instituto, un trompo de poner y quitar en la entidad policial dependiendo de si tiene amigos poderosos o no. En ese octubre de 2019, despacharon, pues, al director, el general William Ruiz. Lo sustituyeron con el general Norberto Mujica a quien le tocó enfrentar otro hecho mucho más difícil: el motín en la cárcel La Modelo, ocurrido en marzo del año de la pandemia, el 2020. El resultado no pudo ser peor: 24 presos muertos a bala y 107 personas heridas de las cuales 76 eran detenidos y 31 del INPEC. Todavía está por determinarse si se cometieron, por parte de los agentes, antes y durante las horas de retoma del reclusorio, crímenes de tortura, violaciones a la dignidad humana y hasta ejecuciones extrajudiciales.
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Pese a la masacre en esa prisión, el general Mujica corrió con suerte: le permitieron conservar su puesto en medio de homenajes y nueve meses después, con el ascenso del general Jorge Luis Vargas a la Dirección de la Policía, Mujica fue también premiado con su nombramiento en la Dirección de Inteligencia en donde está hoy. Ambos, Vargas y Mujica, coinciden en su vida profesional en las labores de investigación estatal. Deben compartir muchos secretos producto de sus pesquisas. En reemplazo de Mujica, llegó el general Mariano Botero Coy, el paganini de los paseos de Carlos Mattos, pues a él, a Botero, sí lo sacaron Vargas y el ministro de Justicia, Wilson Ruiz, a las patadas antes que al propio director de La Picota. Para reemplazar al destituido general Botero, Vargas y el ministro encargaron a un subalterno de Botero: el coronel Joaquín Medrano. Parece un mal chiste pero no lo es: Medrano fue quien firmó la “remisión médica especial” para Carlos Mattos como consta en un documento que se conoció, en la prensa, el mismo día en que echaron a Botero y pusieron a Medrano. ¿Se conmovieron ellos dos con la denuncia? ¡No! Con cinismo preocupante dejaron actuar a Medrano hasta el domingo pasado cuando Noticias Uno reiteró la enorme contradicción que existía entre sus dos decisiones: botar al director general del INPEC por dejar salir a Mattos y poner en su lugar al oficial que firmó los permisos para que el preso diera paseos por Bogotá.
Noticias Uno reveló, además, la existencia de dos documentos originados en la Dirección de Custodia y Vigilancia que encabeza, precisamente, Medrano: uno, firmado por este en cuanto se sentó en el puesto de director del INPEC. Ordenaba el traslado de un detenido de La Picota, en Bogotá, a El Pedregal, en Medellín, la ciudad natal del preso, un secuestrador que resultó ser cuñado del capitán de la Policía Mauricio Vélez Arboleda. Favores internos en la Policía ¿sí se permiten? El segundo documento tuvo origen, según su huella digital, en la oficina del mismo coronel Medrano. Allí le piden explicaciones, en tono perentorio, al encargado del Complejo Penitenciario de Bogotá por el incumplimiento de las órdenes de traslado, de pabellones y prisiones, de un amplio número de detenidos. En la relación figuran muchos extraditables, tal vez, para camuflar los movimientos de personajes con líos judiciales pero también con influencias: Memo Fantasma, el de los negocios con el esposo de la vicepresidenta; Enrique Pardo Hasche, el preso que se jugó sus condiciones en la cárcel por la defensa de Uribe Vélez, y Eduardo Soto Castillo, alias Fabián, otro testigo del grupito de los que visitaba Diego Cadena para favorecer al expresidente. En esta relación hay dos inconsistencias graves: la firma escaneada y sin autorización del director del INPEC, y dos fechas sin coincidencia entre ellas: ¿una falsificación? A la mañana siguiente de la publicación de Noticias Uno, el Gobierno corrió a anunciar el nombramiento del director en propiedad del Instituto, desplazando al inquietante Medrano. Esta vez el turno es para el general Tito Yesid Castellanos... hasta cuando llegue el nuevo escándalo. Si usted no tiene “vara” con Vargas, con Ruiz o con los políticos queridos y temidos del Gobierno, échese la bendición, general Castellanos. Le quedan meses de actividad.