El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Rodolfo Hernández: Colombia, de mal en peor

Cecilia Orozco Tascón

23 de febrero de 2022 - 12:30 a. m.

Tiene razón el columnista Ramiro Bejarano cuando pide que “ojalá algo (trascendente) suceda porque es lo único que salva del marasmo una campaña en que nadie despega ni convence”. Salvo excepcionales intervenciones de algún candidato, los colombianos nunca habíamos padecido, como esta, una competencia presidencial tan superficial. Pareciera que el carácter frívolo del actual mandatario ha contaminado de tal manera el ambiente que los aspirantes a sucederlo no han podido superar su nivel. La repetición de las fórmulas de siempre: “Lucharé contra la corrupción”, “se acabará la ‘robadera’”, “brillará la meritocracia” y “terminaré la politiquería”, francamente aburre y no despierta la emoción de nadie porque ya nos pusieron la vacuna contra los lemas vacíos. Por el contrario, lejos de conseguir adherentes con su verborrea, los videos ridículos en TikTok y sus esfuerzos por atraer votos sin tocar el establecimiento ni a los de derecha, de izquierda o de centro, despiertan muchas dudas entre quienes queremos elegir, a conciencia, a alguien que merezca nuestra admiración y apoyo en las urnas.

PUBLICIDAD

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Este caldo de cultivo es perfecto para que se nos cuele un mandatario más dañino que el presente: es posible, no se asombren. Es cierto el adagio popular según el cual toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar: no solo elegiríamos a un presidente superficial e ignorante del manejo del Estado sino, además, a un populista violador de la institucionalidad, un corrupto blanqueado o un loco que se siente nuestro salvador. Si esto sucede y sobreviene el desastre, nosotros, en los medios, tendríamos cuota de responsabilidad por estar dedicados a cubrir pendejadas en lugar de descubrir la parte esencial de los hechos. Así, por el descuido y la bobería nacional se ha entronizado en debates y encuestas un personaje, personajillo, más bien, a quien favorecen el silencio generalizado y la lenta acción judicial que indaga sus conductas, las de su hijo y que debería hacerlo, también, con las de su cónyuge mientras se desempeñó como alcalde de Bucaramanga, cargo al que renunció tres meses antes de terminar periodo cuando la Procuraduría General lo apartó de la administración de la ciudad por esos mismos tres meses, una vez comprobó que el individuo de marras estaba participando, directamente, en la campaña de elección de su reemplazo con abuso de su posición de poder.

Ustedes ya lo adivinaron. Este señor, hoy dizque en los primeros lugares en la favorabilidad de los encuestados, es Rodolfo Hernández, un sujeto que simula ser simpatiquísimo, franquísimo, valientísimo y que oculta que su único activo real es ser riquísimo. Pues bien, con el derecho que nos asiste a los gobernados de revisar el pasado de quien pretenda representarnos y dirigirnos, me permito recordar que el entonces alcalde de Bucaramanga (enero de 2016-septiembre de 2019) está vinculado a una investigación penal que avanza a paso de tortuga, por sus actos en la adjudicación de un contrato para el manejo de las basuras de la ciudad ¡durante 30 años! Se trataba de un negocio multimillonario en el que quiso incidir su hijo Luis Carlos Hernández Oliveros cobrando comisiones a quienes ganaran la licitación. Difícilmente se pueden encontrar, en una investigación judicial, pruebas tan claras de lo que sucedió: existe un contrato de corretaje (comisión que perciben los corredores) firmado, entre otros, por el propio Hernández hijo, quien recibiría US$6 millones si el negocio se concretaba; existe la grabación de una conversación en que el alcalde Hernández presiona, con sus habituales gritos y vulgaridades, al secretario jurídico de la empresa de aseo para que no se interponga en la adjudicación (ver); existen mensajes en los aparatos celulares de varios involucrados; existen los testigos y sus testimonios; existe, en otro caso que la justicia no ha examinado, el traslado de US$170.000 negociados por fuera del sistema bancario y, al parecer, provenientes de un narcotraficante y lavador de activos, a las cuentas bancarias de la esposa del candidato presidencial en Estados Unidos, para la compra de un apartamento (ver). Entre tanto, Rodolfo Hernández se lanza a la Presidencia como el abanderado de la anticorrupción. Su única defensa consiste en que el contrato no se firmó por el escándalo que hubo aunque es claro como el agua el marcado interés familiar en su adjudicación. Un investigado por presunta corrupción y por permitir conductas posiblemente corruptas de su hijo y de su esposa va a recibir miles de votos a nombre de la pureza y la renovación. Pobre Colombia: de mal en peor.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.