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4 May 2022 - 5:30 a. m.

“Solas contra el sistema”

Dos mujeres han sacado, recientemente, la cara por la desprestigiada Rama Judicial colombiana: Carmen Helena Ortiz, jueza 28 de Conocimiento de Bogotá quien —pese a que tenía en el estrado al jefe de los jefes políticos de la nación— negó el archivo del proceso que se sigue contra Uribe Vélez, motivo por el cual él tendrá que ir a juicio, y la fiscal Angélica Monsalve, que concentró el interés público cuando decidió enfrentar un entramado de gran copete social que pretendía que ella desistiera de imputarles delitos relacionados con inhabilidades para contratar con el Estado a miembros de una familia con poder económico que creen que su dinero los exime de cumplir la ley, o bien de explicar, ante un juez, que nunca la incumplieron. Ortiz y Monsalve demostraron que en los despachos comunes y corrientes de la justicia hay carácter suficiente para actuar con dignidad, decencia y autonomía pese a la corrupción que corroe las instituciones oficiales en formas unas veces descaradas y otras envueltas en algodones para hacerlas parecer menos sucias, menos “cochinas”, como dijo ella en algún momento. Como aquellas en las que incurren personajes del alto mundo cuando trafican influencias de modo elegante y mientras se toman un drink, con fines inconfesables, incluso el de ocultar los resultados de una investigación penal.

Media hora de autocharla grabada en video y retransmitida por decenas de medios de comunicación en directo —de acuerdo con los agradecimientos que Uribe se permitió leer para notificarle al país el poder con que todavía cuenta— tuvo que soportar, ella sí, sin derecho a la defensa, la jueza Ortiz después de que se conoció su decisión. Lo menos que aseguró el exsenador en contra de su juzgadora es que ella ignoró, a propósito, las pruebas del expediente, es decir, que es una prevaricadora, y, después, “deploró” su supuesta “falta de valoración” de las afirmaciones de los testigos que contaron la verdad, si hablaron a su favor, pero mintieron si declararon en su contra, lo que viene siendo la misma cantaleta acusatoria que les enrostró a los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema que iniciaron la investigación en 2018 y a los magistrados de la Sala de Instrucción de la propia Corte que la completaron. Hoy le toca la dosis de veneno a la jueza porque ratificó el análisis de la Corte. Imagino lo que le espera a la doctora Ortiz pues todos aquellos que han osado confrontar a Uribe han sido objeto —por arte del azar y de la mera coincidencia— de múltiples ataques mediáticos, pérdidas de empleos, mensajes amenazantes, montajes y hasta asesinatos.

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