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No le va bien a Colombia este 2021, y no tendría por qué irle mejor, en los niveles de confianza de los ciudadanos, según el Edelman Trust Barometer, centro que mide ese factor, con respecto a cuatro instituciones: Gobierno, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales (ONG) y empresas (privadas). Como el país sale mal parado, habrá quien diga que la pandemia ha alterado las relaciones de las sociedades con sus naciones. Pues bien, esa disculpa no sirve: en el promedio mundial medido, el grado de confianza aumentó en cuatro puntos porcentuales en la población general, y en tres puntos en el público con mayor información. En cambio, nuestras respuestas presagian un clima político borrascoso: bajamos cinco puntos con relación al índice total registrado en el sondeo 2020. Peor aún, nuestra credibilidad en el Gobierno central está 20 puntos por debajo del promedio global y somos la cuarta nación menos dispuesta, entre 28, a confiar en su Ejecutivo, es decir, en Iván Duque, sus ministros, consejeros, directores de departamentos, etc. y en las otras entidades estatales. Somos, también, el quinto país que más sospecha —con razón— de lo que informa la prensa. Las ONG perdieron 11 puntos en el grado de confianza de que gozaban un año antes, aunque solo están uno por debajo del promedio. Y el único indicador positivo es el del empresariado que se sitúa dos puntos por encima de la media pero del que tampoco puede ignorarse que perdió tres sobre su nivel del 2020. Estos hallazgos muestran una desconexión profunda entre la gente y su Estado. Tan profunda que los cuatro sectores analizados fueron clasificados como poco “competentes” y “éticos” por los encuestados.
El peor calificado en esas dos categorías es, de lejos, el gobierno Duque, seguido por la prensa nacional que nunca había tenido tan pobre resultado. Y, ahí, no termina el desastre: los líderes gubernamentales y empresariales “son sospechosos de mentir y desinformar”. En concreto, al 72 % de los participantes de la encuesta, en el primer caso, y al 66 %, en el segundo, “les preocupa que (tales personajes) estén tratando de engañar, a propósito, diciendo cosas que saben que son falsas o grandes exageraciones” (ver encuesta). Duele la foto que muestra una imagen tan fea de Colombia. Pero no extraña: lo merecemos por permitir, pasiva y resignadamente, que la clase mediocre que está en el poder, y que abusa de este y de nosotros como si fuéramos los vasallos de un feudo en la Edad Media, “reine” haciendo lo que le viene en gana mientras destruye lo que queda.
Permitimos que siga sin ser castigado, ni social ni judicialmente, un ex fiscal general que, hoy, cínico él, le da instrucciones a la nación desde una columna que publica uno de los periódicos culpables de la mala fama del periodismo, sin que rinda cuentas porque, en lugar de perseguir a los corruptos, nombró a un “director anticorrupción” para protegerlos. Permitimos que permanezca en tan alto cargo y sin merecerlo otro fiscal general carente de dignidad judicial que distorsiona la función constitucional del ente acusador para convertirlo en ente defensor y, más grave todavía, para perseguir a los opositores, transformándose en la policía política del partido de gobierno, el Centro Democrático. Permitimos que el jefe de Estado funja como juez y dicte sentencia a favor de su líder político o falle en contra de los magistrados de la Corte Suprema y de la JEP. Permitimos, asombrándonos durante un par de días, que el ministro de Defensa llame a los niños que jamás han conocido qué es el Estado de derecho “máquinas de guerra”. Permitimos que el Congreso cierre y sus miembros jueguen el penoso papel de apéndice del Ejecutivo. Permitimos, sin preguntar por qué, que el Consejo de Estado sea el estrado preferido del presidente y que la Corte Constitucional actúe con sentido político, cuando sentencia que una ley es inconstitucional pero dentro de tres o cuatro años... Y así, permitimos que Colombia se descuaderne. Y esto no es nada: permitiremos que entre la Fiscalía de Duque-Uribe, la Procuraduría de Duque-Uribe, la Registraduría de Duque-Uribe, la Contraloría que les da gusto a Duque-Uribe y la gran mayoría de gobernaciones y alcaldías nos armen las elecciones 2022 para que el hijo del Ejecutivo a cargo suceda a su hermanastro. Como dinastía en la Edad Media. Entre tanto, los ciudadanos nos quedamos con nuestra desconfianza para plasmarla en una encuesta. Y ya.
