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Suicida desesperación

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Cecilia Orozco Tascón
27 de agosto de 2008 - 02:13 a. m.
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MENUDO ESPECTÁCULO EL QUE encontraron al llegar al país el fiscal de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo y el juez español Baltasar Garzón:

• El Presidente de la República, en directo, exhibe un video en el que se reconfirma cómo dos oscuros individuos vinculados con el narcoparamilitar Don Berna ingresan a la “Casa de Nari” en su propio vehículo, privilegio antes reservado para embajadores y personajes de gran rango.

• El Presidente de la República, en rueda de prensa frente a unos intimidados reporteros, dice que en la Corte Suprema hay “tráfico de testigos falsos”; que el magistrado Iván Velásquez (cuya sola existencia se le está convirtiendo en una peligrosa obsesión) se “emborracha” con otros testigos; que el senador Petro, de la oposición polista, “manipula” más testigos.

 • El Presidente de la República asegura que la Fiscalía dictó un fallo político en el proceso Tasmania, probablemente porque encontró que ese caso era un montaje contra Velásquez.

• El Presidente de la República critica también al fiscal Iguarán porque su entidad está infiltrada por la mafia y porque “no reaccionó” a los actos de corrupción de Valencia Cossio.

• El Presidente de la República acusa al ex presidente César Gaviria, jefe de la oposición liberal, de haberse aliado en su época con la banda de  ‘Los Pepes’.

• El Presidente de la República ordena que investiguen al periodista Daniel Coronell por ocultamiento de “delitos”.

Del otro lado, la Corte, el magistrado Velásquez, el senador Petro, el Fiscal, César Gaviria, Coronell y tras él varias agremiaciones de periodistas responden las agresiones, haciendo uso de su legítimo derecho a la presunción de inocencia. Todos estos sucesos ocurridos en un día.

Estupefactos deben de haber quedado con el espectáculo los representantes de la justicia internacional Moreno y Garzón… Y convencidos de que los negros episodios que sacuden al país no pueden solucionarse internamente porque en las circunstancias presentes no hay garantías para que nadie actúe aquí con autonomía y libertad: ni los magistrados, ni los fiscales, ni los políticos, ni los periodistas independientes. ¡Qué gran paradoja la que le ha deparado el destino al Primer Mandatario, o más bien, la que se ha granjeado por su singular comportamiento! La seguridad democrática le sirvió para tener al borde de la derrota a la guerrilla y para desmovilizar aunque fuera parcialmente a los paramilitares, motivos por los que despertó —hasta ahora— la admiración casi unánime de la nación. Pero no le alcanzó para cobijar con un clima de tranquilidad y respeto a los colombianos del establecimiento, en cuyo nombre él es el Jefe de Estado.

En su alocada decisión de evitar los controles de la democracia, anda disparando con perdigones a lo que se mueva, y da la impresión de que reacciona con la suicida desesperación de quien está arrinconado. Desafortunadamente su táctica de distracción para no contaminarse con el doble escándalo que cobija a su gobierno, vale decir las visitas de oscuros mensajeros al Palacio, que seguirán ocurriendo según quedamos notificados, y las relaciones del hermano de su recién nombrado Ministro del Interior y de Justicia con el cartel de Don Mario, no servirá de nada y únicamente logrará hundir a fondo el acelerador del caos institucional del país. ¿A qué horas el héroe del 90% de los colombianos perdió la razón?

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