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Un fallo sobre la “Casa de Nari” que da vergüenza

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Cecilia Orozco Tascón
14 de julio de 2021 - 05:30 a. m.
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Resulta desconcertante, por calificarla de manera suave, la decisión del juez Manuel José Pulido, de absolver a dos funcionarios del círculo más cercano del entonces presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, por los hechos sombríos en que incurrieron, entre 2007 y 2008, desde sus oficinas de la Casa de Nariño —a pocos metros de la del omnímodo jefe de Estado—, cuando recibieron, en calidad de invitados, a delincuentes de la peor laya, y cuando aceptaron concertar, con estos, ciertas actuaciones: recibir de ellos materiales ilegales y distribuirlos, después, a periodistas cómplices que publicaban, como si fueran “noticias” y “chivas”, ese sartal de falsedades. Los protagonistas directos e indirectos de la trama descrita hicieron parte de un engranaje delictivo y no les importó. Tampoco ahora, porque el poder político protege su impunidad y el poder judicial casi no existe. Los beneficiados por Pulido, pese a las evidencias y testimonios que tuvo a mano pero que no vio, y pese al propio contexto histórico que tampoco parece tener en cuenta aunque ha sido probado judicialmente en no menos de 20 sentencias de condena contra otros partícipes de esos episodios, son Edmundo del Castillo, secretario jurídico de la Presidencia, y César Mauricio Velásquez, secretario de Prensa; el primero, abogado; el segundo, periodista de quien creí que era persona de fiar. Acepto que me equivoqué, de cabo a rabo: su carácter no le dio para mantener la limpieza de su conducta cuando optó por ser, en lugar de reportero leal con la verdad, otro peón del político que más ha corrompido las instituciones nacionales en el último cuarto de siglo: Uribe Vélez.

El juez Pulido concluyó, en su fallo de 65 páginas que escribió con rapidez inusitada entre viernes, sábado y domingo pasados, que “las pruebas de cargo... no permitieron arribar al conocimiento, más allá de la duda razonable sobre la autoría... del delito (concierto para delinquir) por el cual fueron llamados a juicio...”, motivo por el cual los absuelve. La esencia de la acusación en contra de Del Castillo y Velásquez se encuentra, como dije, en su asistencia a reuniones con bandidos, una de estas con alias Job, un sicario del paramilitar alias Don Berna, en un hecho que no tiene que ser probado ante ningún juez, “más allá de la duda razonable”, porque hay evidencia plena y archisabida: un video publicado hasta en los medios parroquiales del país, de su ingreso por los pasillos entapetados de la “Casa de Nari”, como la denominó Job en famosa llamada a alias Don Berna al salir de la cita “con el curita” (así se refirió al secretario de Prensa Velásquez por el activismo de este en el Opus Dei). Del Castillo y Velásquez integraron el enorme grupo presidencial que atentó contra el Estado de derecho cuando pretendió destruir a la Corte Suprema debido a que sus magistrados procesaban, por nexos con los paramilitares, al primo y aliado de Uribe Vélez, el entonces senador Mario Uribe Escobar.

Otro episodio en que estuvieron involucrados Del Castillo y Velásquez, sin prueba suficiente según el togado, es el “caso paseo”. Pues bien, recuerdo perfectamente aquel capítulo porque en ese tiempo colaboraba con la extinta revista Semana: allí se publicó, en abril de 2008, un gran escándalo periodístico titulado “El ‘mecenas’ de la justicia”. Relataba, con pormenores sorprendentes, el viaje de varios magistrados de la Suprema a Neiva, supuestamente pagado por el presunto socio de un narcotraficante. Desde luego, el efecto de que la Corte que investigaba al primo del presidente recibiera regalos de un mafioso era que la dejaba sin autoridad moral para juzgarlo a él o a cualquier otro. Pero como lo primero que emerge de las inundaciones es el agua... y la verdad, unos directivos de la revista descubrieron que una de sus periodistas, cuyo nombre omito porque falleció, fue convocada por la Casa de Nariño para entregarle las “evidencias” que demostrarían las malas compañías de la Corte, y que habían sido recopiladas —torcida e ilegalmente— por agentes del DAS al servicio de la Presidencia. La periodista era consciente del complot y decidió ser parte del juego sucio. Se demostró, en otros procesos y declaraciones, que sus contactos fueron José Obdulio Gaviria, Edmundo del Castillo y César Mauricio Velásquez, entre otros. ¿Cómo resume el juez Pulido lo revelado por un testigo reportero sobre el “caso paseo”?: “(El artículo “Mecenas de la justicia”) fue objeto de retractación porque la foto publicada estaba errada” (¡¡¡!!!) Lo que el testigo de la revista contó y el juez consideró irrelevante es que Del Castillo y Velásquez llamaron insistentemente a la periodista, después de desatado el escándalo, para que devolviera los soportes que le habían entregado y borrar así su rastro. Tanto afán tenían que enviaron a retirarlos a una asistente de Del Castillo que fue grabada cuando entraba a la sede de la revista. Según el fallador Pulido, esa prueba no demuestra la culpa de los acusados. Absueltos pero no inocentes.

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DAVID(rv2v4)16 de julio de 2021 - 10:46 a. m.
El billete de Uribe, con tanto comprar jueces, se les debe estar mermando. Y lo que le quitan los abogados...mejor dicho: urge una vaca para entrar en sus cabales.
Carlos(23964)16 de julio de 2021 - 12:06 a. m.
Se creía que la única estaca que protegía la débil democracia formal era la justicia, pero con este fallo causa miedo que el uribismo esté infiltrando el miedo, el terror, y hasta sus alfiles en la justicia. Si esto ocurre, Uribe, logrará la dictadura perfecta
Hector(31467)15 de julio de 2021 - 03:49 p. m.
Se pulio' Pulido con la absolucion. Este pais si no para de dejarnos sorprender. Un pais miserable por culpa de las lacras como este ciego "injuez" que no ve lo que cualquiera ve. Petardo papanatas indigno representante de la honestidad, la etica y la justicia. A proposito: que le habran ofrecido por torcido?.
Carlos(67677)15 de julio de 2021 - 01:15 p. m.
"No hay peor ciego que el no quiere ver", nuestra justicia mirando hacia otro lado. Que país tan corrupto. Muy buena columna.
Octavio(20279)15 de julio de 2021 - 07:58 a. m.
Sra. Cecilia, acierte en el blanco: la tragedia de este país, como en la mayoría de Latinoamérica es la injusticia de la justicia. En nuestro caso, como en ningún otro de estas latitudes, no es el narcotráfico; ha sido suficientemente demostrado, reiterado, probado: se compran, de venden magistrados, esos que como parte del ritual de circo, visten de capa como adalides de la dizque "justicia".
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