Que el frívolo abogado Francisco Barbosa haya concluido el periodo que le regaló su amigo Duque en la Fiscalía no significa que no haya dejado allí un fantasma pernicioso que se activa cada vez que sus funcionarios anclados en cargos clave desean controlar o entorpecer el rumbo que su sucesora, Luz Adriana Camargo, ha intentado darle al ente investigador. Se podría hacer un recuento de los fiscales actuales cercanos a Barbosa. Pero, por el momento político que vive el país, es más relevante el uso interesado que ese grupo remanente continúa dándoles a las investigaciones judiciales sobre casos que conmueven a la sociedad. A pesar de que Camargo prometió acabar con la filtración de datos reservados de los expedientes más delicados –ese vicioso sesgo politiquero que se hizo costumbre con Barbosa–, tal práctica sigue ejecutándose en la Fiscalía, y no ingenuamente. La revista Semana –eterna ñaña de Barbosa, Duque, Uribe, Valencia, Cabal, De la Espriella, etc.–, “reveló”, en “exclusiva”, “la confesión de alias Viejo, condenado por el magnicidio de Miguel Uribe Turbay”, una noticia de trascendencia para la justicia y para los resultados electorales, dado el manejo despiadado, desconsiderado, oportunista y abusivo que se ha hecho del abominable asesinato en los círculos del uribismo al que pertenecía la víctima.
Los detalles de la declaración de alias Viejo son definitivos para encontrar a las determinadoras del crimen, si resulta veraz el relato de ese delincuente, quien señaló a las disidencias de las antiguas FARC llamadas Segunda Marquetalia; y, como vocero de ellas, y organizador del asesinato de Uribe Turbay, al sujeto José Manuel Sierra, alias Zarco Aldinever que, por tétrica coincidencia, habría sido asesinado, a su vez, el mismo día en que falleció el precandidato presidencial: 11 de agosto del 2025. Por lo que se ha sabido en los sectores periodísticos bogotanos, en las próximas horas (esta columna se escribe el lunes festivo, 23 de marzo), la Fiscalía haría anuncios públicos sobre este tema. Cabe, entonces, preguntarse ¿en qué consistía la jugada de Semana de adelantarse, y para qué, a las decisiones que comunicaría la fiscal Camargo? ¡No es tan difícil de adivinar! En el mar de informaciones aportadas por el delincuente, ese medio cuela un párrafo en que se descubre el objeto de la filtración: “Mientras la Segunda Marquetalia negociaba la paz total con el Gobierno (sic) Petro, uno de sus integrantes ordenó el magnicidio de Miguel Uribe Turbay, según se desprende de lo confesado por el Viejo”. A partir de esa afirmación se desató una ola de acusaciones de personajes y redes furiosas por la presunta responsabilidad penal de Petro en el crimen, y por su desafortunada estrategia de “Paz Total”, a la par con ataques a Iván Cepeda, al que se le achaca “ser el candidato de las FARC”, “el heredero”, como suele ofenderlo Tomás, el vástago de Uribe Vélez, y el “inventor” de la ley de Paz Total.
Hay que recordarles, ahora que todos la repudian, que esa norma fue aprobada por 125 representantes contra 13 en contra, en la Cámara de Representantes; y por 63 senadores contra cuatro, que votaron, en el año 2022, el texto conciliado y presentado por el ponente senador Ariel Ávila (ver) y no por Cepeda. Esa normatividad prorroga –con modificaciones– la denominada Ley de orden público que, sorpréndase, rige desde 1997, gobierno Samper, y se creó para negociar la paz con los grupos armados ilegales. Fue útil para el propio Samper, para Pastrana y para el mismísimo Uribe Vélez, quien se inventó su “paz total” si se tiene en cuenta que amplió el alcance de tal regulación para poder conversar con los mayores criminales de su época: los narcoparamilitares (ver); hasta Duque tuvo su texto modificatorio. La paz de Petro ha dado resultados desastrosos como programa de gobierno, pero eso es otra cosa que, por supuesto, no tiene nada que ver con el crimen contra el senador Uribe Turbay. A la revista Semana no le costaba mucho esfuerzo revisar los datos que circulan en sitios de Internet para encontrar que Iván Márquez, el antiguo jefe de las FARC, hoy débil líder de la autodenominada Segunda Marquetalia por sus precarias condiciones de salud (casi ciego y sin una de sus extremidades, entre otros padecimientos), suspendió los acercamientos con el gobierno actual desde el 12 de noviembre de 2024 (ver). La verdad es lo primero que muere en la guerra y en las campañas presidenciales. El expresidente Uribe, el mandatario que negoció, en su momento, con los mayores genocidas de Colombia: Mancuso, Jorge 40, el Alemán, y con narcos, como su testigo predilecto, el “Tuso” Sierra, lanza acusaciones (ver) que debería probar judicialmente, si fuera serio. Entonces, los ciudadanos creeríamos en él y exigiríamos que la justicia actuara. Imita a su jefe, Paloma Valencia quien podría ser la próxima presidenta de Colombia (ver). Si ese es el grado de responsabilidad que ellos dos muestran en la campaña, no podemos esperar mejor futuro. Estaremos en las peores manos. No obstante, en las épocas que corren, a nadie le interesa razonar. El objetivo es destruir. Mientras tanto, en el ente judicial que investiga, los infiltrados de Barbosa al servicio del uribismo le roban la agenda mediática a Luz Adriana Camargo, cuya alergia a los periodistas la está llevando por el camino de la inexistencia.