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Cachemira, más cerca del horno

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César Niño
04 de mayo de 2025 - 08:29 p. m.
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Como si no faltaran crisis a este enjambre de problemas geopolíticos y de fragmentación global, India y Pakistán reinician una de las tensiones militares más significativas de la región y una de las más peligrosas del mundo. El 22 de abril, un grupo —por ahora desconocido— mató a 26 turistas en Pahalgam, región de Cachemira controlada por India. Dos días después, el primer ministro indio, Narendra Modi, en plaza pública, hizo un timonazo narrativo y cambió abruptamente de idioma: pasó del hindi al inglés, sin transiciones y con el ceño fruncido, advirtiendo que India perseguirá a los terroristas hasta el fin del mundo y que castigará a los responsables materiales y a quienes hayan apoyado el ataque, haciendo énfasis en que la culpa está en Islamabad.

Puede que Modi esté dispuesto a lanzar una operación militar sobre Pakistán, y esto redibuje el equilibrio, teniendo en cuenta que, a pesar del principio doctrinal de India de “no primer uso”, las armas nucleares de Nueva Deli son un recurso que siempre estará para contener a Pakistán. En 2024, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), India posee aproximadamente 172 ojivas nucleares, mientras que Pakistán cuenta con unas 170. No hay que olvidar que, en el caso de Islamabad, su doctrina es ambigua y sugiere que el uso de su material nuclear puede ser usado en el momento en que se considere una amenaza existencial.

Lo que ha ocurrido en este abril nos recuerda episodios previos de violencia terrorista en Cachemira, que han llevado a India a atacar a Pakistán, país que —según insiste Nueva Deli— es el origen de la amenaza que aún azota el territorio en disputa, Cachemira. Así, entre 2019 y 2025, lo que algunos alguna vez señalaron como un conflicto congelado, han ocurrido crisis que sugieren que Cachemira está más cerca del horno que del congelador.

Por ejemplo, en febrero de 2019, cuando un atentado suicida en Pulwama mató a 40 miembros de las fuerzas de seguridad indias, el gobierno responsabilizó al grupo Jaish-e-Mohammed, con base en Pakistán, y respondió con un bombardeo aéreo en Balakot. Pakistán, por su parte, respondió derribando un avión indio y capturando a su piloto. En unas memorias publicadas en 2023, el exsecretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, dijo que ambos países estuvieron al borde de un enfrentamiento nuclear. Según él, la escalada de tensiones alcanzó niveles críticos que requirieron una intensa mediación diplomática para evitar un conflicto de proporciones catastróficas. Tanto, que se registró al piloto capturado tomando una taza de té con hombres de las fuerzas de Pakistán antes de volver a casa.

Hoy, tras el atentado a los turistas del 22 de abril, la opinión pública india parece exigirle a Modi una respuesta militar contundente y espectacular. Seguramente, el cálculo estaría en que una acción militar abierta sería la opción que satisfaga a Nueva Deli; pero del otro lado, en Pakistán, también hay necesidades por demostrar firmeza y rechazo a las acusaciones y provocaciones de India. Una de las figuras más significativas en la toma de decisiones militares de Islamabad es Asmin Munir, comandante del ejército pakistaní, quien atraviesa una crisis reputacional y de legitimidad en su país; necesita resultados. Sumando la ausencia de un liderazgo estratégico de Occidente, con la injerencia de China en apoyo diplomático sobre Pakistán y su preocupación por la soberanía de Islamabad con especial énfasis en los proyectos comerciales y militares, más los otros conflictos regionales y extrarregionales a fuego alto, parece que la cuestión de Cachemira tenderá a agravarse.

La situación puede desencadenarse en al menos dos escenarios. Por un lado, India responderá con ataques regulares y convencionales sobre la Línea de Control, usará material oficial y disparará misiles sobre objetivos exclusivamente militares. Esto, para apaciguar la demanda de su opinión pública y mostrar que Modi cumple con la advertencia. Sin embargo, Pakistán podría leer esas acciones como una amenaza existencial y barajar la tesis de la respuesta nuclear. No hay que olvidar que, dentro de Pakistán, el ejército no es una institución muy querida por la población; eso puede provocar que una respuesta militar a India se instrumentalice para capitalizar apoyo popular y legitimidad.

Por otro lado, estaría una respuesta india encubierta: operaciones de sabotaje, dadas de baja a estrategas y altos mandos pakistaníes, acciones de inteligencia y operaciones clandestinas. Pero, visto el discurso de Modi, no parece ser esa la forma exclusiva en la que piensa responder India. En un reciente ensayo de Sushant Singh, se advierte que el liderazgo tanto en India como en Pakistán se encuentra condicionado por incentivos que favorecen mantener posturas inflexibles, lo que limita las posibilidades de diálogo y eleva notablemente el riesgo de enfrentamiento. En este contexto, la posibilidad de una escalada —ya sea deliberada o fruto de un error— es más alta que nunca, y cualquier fallo en el cálculo estratégico podría desencadenar consecuencias devastadoras para la seguridad global. Lo cierto es que el conflicto en Cachemira ha dejado de estar en el congelador y está más cerca del horno.

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César Niño

Por César Niño

Profesor de Relaciones Internacionales.@cesarnino4
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Mar(60274)04 de mayo de 2025 - 09:37 p. m.
Hacen falta mujeres para que todo no se reduzca a violencia. Ya es hora de cambiar de perspectiva no todo se teduce al que tenga más armas, de la muerte no se vuelve por más que se utilice toda la energía en creer en eso.
  • Manuel Fernando Lara Bustamante(vtib9)08 de mayo de 2025 - 03:54 p. m.
    Mujeres como Margaret Thatcher o cómo?
  • Mar(60274)05 de mayo de 2025 - 02:04 p. m.
    Duncan, eso es así, el género nada tiene que ver con la inteligencia, por eso el machismo no tiene ninguna clase de sentido.
  • Duncan Darn(84992)05 de mayo de 2025 - 11:34 a. m.
    Mentalidades cavernícolas, limítrofes con el cerebro tiranosáurico, se dan en todos los géneros.
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