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Distracciones peligrosas y aceptación negada

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César Niño
03 de julio de 2026 - 05:00 p. m.
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La velocidad de los acontecimientos globales parece conducirnos, una y otra vez, hacia focos específicos de atención. No es para menos. Esas llamadas de atención se producen en oleadas que concentran el interés internacional sobre determinados actores y momentos. Las tragedias humanitarias, como los terremotos ocurridos en Venezuela, dirigen nuestra mirada hacia la esperanza de que los rescatistas encuentren personas y animales con vida bajo los escombros. Tuvo que ocurrir un desastre de semejante magnitud para dejar al desnudo las incapacidades de un régimen que desmontó el Estado venezolano.

La guerra en Ucrania continúa, y Rusia ha vuelto a atacar de forma despiadada a Kiev. La situación en Irán y el latente escenario de guerra en el estrecho de Ormuz mantienen viva la preocupación por la volatilidad de los mercados y la seguridad regional. Esas inquietudes y esos focos de atención son comprensibles; son un efecto inmediato de la globalización de los problemas. Sin embargo, sin desatender ninguno de ellos, conviene recordar algo que hemos dejado pasar precisamente por la inmediatez de otros acontecimientos. Tiene que ver con Corea del Norte.

El mundo, como lo sugiere Ian Bremmer, dejó de preocuparse y pasó a amar las bombas de Kim Jong Un. Eso obedece, en buena medida, a que el programa nuclear norcoreano dejó de ser un problema susceptible de revertirse para convertirse en un hecho estratégico aceptado por las principales potencias. Lo que está ocurriendo es una aceptación negada. Es la consecuencia de un sistema internacional resquebrajado y de una polilateralidad cada vez más rampante. Hay que decirlo con claridad: Corea del Norte atraviesa la posición geopolítica más favorable de las últimas décadas.

La distracción peligrosa y la aceptación negada consisten en que la guerra entre Israel e Irán ha reforzado una lección que muchos líderes autoritarios ya intuían: poseer armas nucleares constituye la mejor garantía de supervivencia del régimen. Mientras Irán sufrió ataques precisamente porque aún no disponía de un arsenal nuclear operativo, Corea del Norte permanece prácticamente inmune a una intervención militar directa gracias a su capacidad de disuasión atómica.

Las condiciones internacionales favorecen a Kim Jong Un. La creciente rivalidad entre las grandes potencias ha debilitado la posibilidad de construir un consenso internacional para presionar a Pyongyang. Rusia y China ya no muestran interés en colaborar con Occidente para imponer nuevas restricciones significativas al régimen norcoreano; la desconcentración geoestratégica es evidente. La idea de desnuclearizar a Corea del Norte es hoy una cuestión de nostalgia, mientras que la reducción de las prioridades estratégicas de Washington en la península coreana, junto con el creciente énfasis en la rivalidad con Beijing, diluye cualquier expectativa de imponer mayores restricciones al programa nuclear de Kim Jong Un.

El asunto, en esencia, es una cuestión de aceptación negada. Las armas nucleares han pasado de ser una amenaza excepcional para la seguridad internacional, que durante décadas se aspiró a eliminar, a convertirse en el principal mecanismo de supervivencia política de determinados regímenes autoritarios. Las distracciones no nos han permitido advertir que, en un contexto de erosión y recesión de la gobernanza global, los regímenes autoritarios son los que mejor salen librados y los que mayores posibilidades tienen de sobrevivir cuanto más amenazantes resultan. Las garantías han dejado de estar en las reglas de juego para ubicarse en la irreversibilidad nuclear.

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César Niño

Por César Niño

Profesor de Relaciones Internacionales.@cesarnino4
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